Besos con lenguaje

Marzo, el mar, tú

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Marzo me ha gustado especialmente. No sabría decirlo en litros, ni en kilómetros, ni en ninguna otra medida. Me ha gustado mucho.

El otro día me puse en bañador por primera vez en 2018. He sacado un relato que se llama El cielo en diciembre (https://amzn.to/2uHdVna). Me han vuelto las ganas de besar cerrando los ojos. He cumplido años y una amiga me subió ese día en su bicicleta y fui feliz todas las horas. Hice una ruta. Te he conocido (a ti, con esos ojos enormes) y te he pensado detrás de algunos atardeceres. He jugado en el patio con mis alumnas/os a no sé cuántas cosas. He abrazado a Ego. He soñado contigo. He visto algunos largometrajes interesantes. He dicho varias veces “qué bien me siento, qué bonito es esto, mira todos esos pájaros, me gusta la luz cuando entra así ¿ves?”. He paseado por un pueblecito blanco y la gente parecía feliz, casi podía sentir el mar llenándolo todo. Me he reído. He cantado conduciendo. Se me han cruzado mariposas blancas y he pedido un deseo cerrando los ojos muy fuerte, así. He leído y he vuelto a sonrojarme cuando Eva se acerca demasiado a María en esa historia que siempre provoca ganas de viajar a Italia y tomarme un café en Venecia. Me ha apetecido escribir. He vuelto a escuchar la canción “De película”.

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8 de marzo.

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Mi madre es sin lugar a dudas una de las mujeres más admirables que he conocido. Podría describirla, podría decir que es buena, generosa, bonita, divertida, solidaria (exageradamente), culta, cariñosa, una médica increíble, entrañable, inocente, trabajadora, fuerte (muy fuerte), honesta, graciosa, valiente, tierna, cauta, protectora, amable… Pero tendría que tomar asiento y muchas horas para definir todo lo que es.

Mi madre es una mujer que invita a celebrar este día (8 de marzo) todos los días.

Es la persona que me cuidaba cuando estaba enferma, que me besaba las rodillas si me hacía daño jugando en la plaza, es la que me leía cuentos y cuentos y cuentos todas las tardes y las noches. La que me enseñó a no hacer ruido a la hora de la siesta, a ser una persona íntegra y buena, a leer, a escribir historias, a ser amable con los demás, a ser compasiva y empática, a ser una mujer fuerte y responsable, a solucionar por mí misma casi cualquier cosa, a pedir ayuda (su ayuda) cuando la necesito, a reírme sea cual sea la situación todos los días, a apreciar el buen cine, a valorar obras literarias maravillosas, a entrar siempre en todas las librerías, a amar la fotografía, a disfrutar de exposiciones y museos, a establecer relaciones sanas y bonitas, a comprender el sentido de cosas como la bondad, lealtad, entrega… Mi madre es esa persona que rara vez me regañó, que prestaba siempre atención a mis preocupaciones, que me animó a conseguir todo lo que me propusiera, que me decía que las cosas había que pedirlas por favor y agradecerlas, que me instó a ser una mujer independiente y fuerte, que me invitó a reflexionar sobre mis propios errores, que me admiró en todas mis etapas y me recordó en todo momento todo lo bueno que tengo.

Yo celebro en un día como este a todas las mujeres como mi madre. A todas esas valientes que aman, protegen, cuidan y batallan por un mundo más hermoso.

Te quiero así, todos los días

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Algún día voy a tener un hijo o una hija. Será libre. Correrá descalzo/a. Tendrá límites. Le leeré cuentos. Señalaremos con sus dedos diminutos las estrellas y esas montañas que están tan tan lejos. Le cantaré en el baño. Le gastaré bromas y disfrutaré viéndole reír. Vigilaré sus fiebres. Bailaremos en la sala de estar. Podrá subirse al sofá a saltar. Podrá expresarme cómo se siempre. Frenaré sus impulsos (si los tiene) de golpear a otros, de insultar o herir a los demás (ya sean otros niños, o animales no humanos). Le explicaré muchísimas cosas y buscaremos respuestas en bibliotecas y lugares fascinantes cuando no sepa qué decirle. Le ayudaré a quererse más que a nadie, a ponerse en primer lugar, a respetarse. Le animaré a cuidar de sí mismo/a. Le hablaré de lo mucho que pueden enseñarle los animales. Fomentaré que sea una persona muy buena, amable, correcta, divertida, solidaria, justa, sensible. Le llevaré al cine, al teatro, a conciertos apasionantes, a librerías infinitas, al mar. Viajaré con él/ella. Cogeremos aviones, coche, barcos, bici… Le diré “no”, cuando tenga que decirlo. Le enseñaré cosas sobre arte (cuántos museos visitaremos…Muchos), sobre el cine en blanco y negro, sobre la historia del mundo mundial, sobre política. Respetaré sus decisiones, sus ideas. Le apoyaré en todos esos sueños que se acumulan debajo de la cama. Le diré “te quiero así” todos los días.

¿Sabes lo que quiero decir?

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Tengo ganas de que la primavera me atropelle (con cariño). Que los días se alarguen, tener más horas para hacer más cosas, no sé. Tengo ganas de cosas bonitas, de manzanas coloradas, risas, libros, excursiones, amigos, amor, conciertos, viajes, casa, de esa luz cuando cambia y se prolonga tan hermosa… ¿Sabes lo que quiero decir?

Buah, vaya post más ñoño, parece que lo escriba con un gesto cursi. Será que a pesar del cansancio laboral, tengo el corazón bailándome en la boca.

2018.

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Me encanta la fotografía de Boubat.

Yo quiero una caracola así para el año que está por empezar. Una exactamente igual. Una que me lleve a una de esas calles transitadas de Nueva York, o a una escena concreta de la película que elija, o a un recuerdo, o al instante en el que comencé a sentirme así, no sé. A lo mejor quiero que me lleve “de vuelta” a mí, si alguna vez me pierdo observándolo todo. El caso es que para el año dos mil dieciocho quiero cerrar los ojos así, con inocencia.

Este año no pido demasiado y me planteo unos retos muy bonitos (muy muy muy muy bonitos), a veces no sé si contarlos porque creo que son deseos de esos que brillan y quiero que se cumplan.

Podría pasarme no sé cuántas horas dando las gracias a bastantes personas, porque el año que se acaba ha sido de aprendizaje, como si hubiese ensayado una coreografía todos estos meses en la que me siento completamente yo, y no he estado sola. He estado rodeada de amor y de amigos.

Empecé 2017 sin saber qué quería exactamente, dejándome llevar por no sé qué, con algunas heridas aún por cicatrizar, y lo cierro plenamente convencida de ser ahora, justo ahora, una versión mejorada de todos estos años. Con una sonrisa naciéndome en los labios.

Te deseo lo mejor para ti también. Cierra los ojos, shhhhh

 

Ganas de navidad

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Resulta que tengo ganas de navidad. Que después de tres años de navidades en las que por una razón u otra estuve preocupada, me siento completamente en paz y llena de energía. Como si el cielo se hubiese despejado y no quedase nada de esas nubes.

Tengo ganas de cocinar, y comer dulces, poner luces, ir al cine, leer Mujercitas (otra vez), recorrer la ciudad con las manos en los bolsillos del abrigo, escuchar villancicos en inglés (tararearlos distraída mientras hago otras cosas), dormir hasta tarde, patinar aunque haga frío, abrazarte.

Pienso preparar regalos y disfrutar de las personas (y animales no humanos) que quiero. Pienso decirles: os quiero.

Si pudiese metería todo lo que me importa en una bola de cristal de esas que agitas y hay nieve y les protegería del frío, del sueño, de la oscuridad.

 

 

Celebrarlos así

 

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Lo mejor de esto es cuando un alumno deja que le cure una herida, y le tiemblan las manos, y me mira como diciendo: confío en ti sobre todas las cosas. La sonrisa fugaz y auténtica que viene una vez se han atrevido.

Las veces que trepan hasta sentarse en mi regazo.

Cuando retan con una expresión inocente.

Sus voces llenándolo todo.

Su respiración tranquila cuando duermen, especialmente cuando sueñan en mis brazos.

Cuando se descalzan para bailar y suben a las mesas creyendo que sostienen guitarras eléctricas.

Los ratos que pasamos haciéndonos cosquillas en el pelo, mientras tarareo canciones o susurro cuentos inventados.

El instante en el que tras una rabieta o un enfado, vuelven a la calma, y me tocan con un dedo la rodilla (estoy aquí) o me abrazan como diciendo: ya se me ha pasado.

Dibujarles el contorno de la cara, las cejas, las pestañas, las mejillas con los dedos, ver cómo entrecierran los ojos (como si soñasen).

Cuando cuentan lo que hacen, lo que sienten. Dibujo un dragón que se ha convertido en una mariposa. Me lavo las manos. Mírame, yo bailo así. No me gusta el desayuno. Yo creo que los elefantes hacen esto. Estoy enfadada. Ella me ha empujado aquí en el corazón. Yo he visto al hada.

Sus declaraciones de amor. De un amor muy puro, de esos que abrigan, consuelan, acompañan.

El modo en el que se ayudan poniéndole los zapatos a otro/a, por ejemplo.

Cuando ríen con ganas mientras hago bromas.

Agacharme, mirarles detenidamente mientras narran dramáticamente un acontecimiento importante.

Eso de que me sigan (con los ojos abiertos de par en par) si se me ocurre una danza, un recorrido, un juego, una idea, algo.

Cuando les digo: vamos a contar un cuento, silencio, si hacemos ruido… Se escapa la magia. Y todas/os escuchan atentamente.

Sus abrazos así tan fuertes, imagínatelo.

Las bromas, la complicidad que llego a establecer con ellos/as. Sus risas contagiosas.

La inocencia.

Dicen que hoy es el día del niño/a. Yo creo que hay que celebrarles todos los días, pero aún así, esto va por todos/as los/as que han formado parte de mi vida.