Helen_Levitt_-_NY,_1942

Conversaciones con un alumno de cuatro años.

—Helena, ¿sabes?

—¿Qué?

—Que puedes estar tranquila —dice, mirándome—, los monstruos, los fantasmas, las brujas  y todo eso (supongo que aquí metemos todo lo que nos asusta) no existen.

Ha enumerado estos personajes con los dedos, equivocándose pero no importa.

—Pues eso me deja más tranquila, es cierto.

—Pero las princesas sí.

—¡No me digas! ¿Y cómo de las distingue? ¿Cómo visten?

Él quiere ofrecerme respuestas convincentes, piensa, desvía un momento la mirada al cielo, los niños gritan y juegan, pero él permanece ajeno al bullicio constante del patio.

—Visten como si fueran normales. Y viven en casas como las de todo el mundo.

—¿Entonces cómo podemos saber que son princesas?

—No podemos, solo ellas lo saben desde siempre —dice muy seguro, y se señala el pecho como explicando que ciertas cosas sencillamente “son” y “se saben” sin más.

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