Besos con lenguaje

Archivo mensual: marzo 2018

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Mi madre es sin lugar a dudas una de las mujeres más admirables que he conocido. Podría describirla, podría decir que es buena, generosa, bonita, divertida, solidaria (exageradamente), culta, cariñosa, una médica increíble, entrañable, inocente, trabajadora, fuerte (muy fuerte), honesta, graciosa, valiente, tierna, cauta, protectora, amable… Pero tendría que tomar asiento y muchas horas para definir todo lo que es.

Mi madre es una mujer que invita a celebrar este día (8 de marzo) todos los días.

Es la persona que me cuidaba cuando estaba enferma, que me besaba las rodillas si me hacía daño jugando en la plaza, es la que me leía cuentos y cuentos y cuentos todas las tardes y las noches. La que me enseñó a no hacer ruido a la hora de la siesta, a ser una persona íntegra y buena, a leer, a escribir historias, a ser amable con los demás, a ser compasiva y empática, a ser una mujer fuerte y responsable, a solucionar por mí misma casi cualquier cosa, a pedir ayuda (su ayuda) cuando la necesito, a reírme sea cual sea la situación todos los días, a apreciar el buen cine, a valorar obras literarias maravillosas, a entrar siempre en todas las librerías, a amar la fotografía, a disfrutar de exposiciones y museos, a establecer relaciones sanas y bonitas, a comprender el sentido de cosas como la bondad, lealtad, entrega… Mi madre es esa persona que rara vez me regañó, que prestaba siempre atención a mis preocupaciones, que me animó a conseguir todo lo que me propusiera, que me decía que las cosas había que pedirlas por favor y agradecerlas, que me instó a ser una mujer independiente y fuerte, que me invitó a reflexionar sobre mis propios errores, que me admiró en todas mis etapas y me recordó en todo momento todo lo bueno que tengo.

Yo celebro en un día como este a todas las mujeres como mi madre. A todas esas valientes que aman, protegen, cuidan y batallan por un mundo más hermoso.

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