Besos con lenguaje

Archivo mensual: noviembre 2017

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—¿Y qué vas a decirme?

Atardece. Lo sé por la luz y el sonido suave de las cosas (niños, pasos, coches, vencejos, viento, sillas, perros). Creo que Furo hace run run run justo en ese momento, en esa pregunta. Parece expectante también. Estoy despeinada. Desnuda. No quiero buscar a tientas la ropa. No quiero vestirme. Ni beber agua en ese momento. No quiero hacer nada que no sea mirarla así, mientras sus dedos se enroscan en mi pelo, mientras se hace de noche y la vida se recoge en silencio. Con todo lo que queda por hacer.

Y pienso cosas como: te diría que sí a todo, que ya no quedan cicatrices, que me gusta cuando dan las nueve y media de la noche, que están a punto de salir los unicornios (otra vez) por mi boca, que tengo las manos llenas, que mira qué invierno más bonito (apenas quedan días para las luces), que me encantan “sus dragones”, que beso sus pestañas/mejillas/labios/sueños cada vez que cierro los ojos muy fuerte, que todo es nuevo (brilla, huele a cosas por estrenar), que aquel picnic en la orilla no lo olvido, que estoy fuerte y he crecido y podré acompañarla en todas las tormentas (tengo pararayos, botas de agua, brazos que la arropen, besos preparados debajo del paraguas)…

Pero no me atrevo a decir todas esas cosas. Se va la luz. Sus ojos me contemplan, creo. Me ruboriza si me mira así.

Repite:

—¿Y qué vas a decirme?

Me sonrojo. Sonrío. Las palabras aquí, en el regazo.

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Lo mejor de esto es cuando un alumno deja que le cure una herida, y le tiemblan las manos, y me mira como diciendo: confío en ti sobre todas las cosas. La sonrisa fugaz y auténtica que viene una vez se han atrevido.

Las veces que trepan hasta sentarse en mi regazo.

Cuando retan con una expresión inocente.

Sus voces llenándolo todo.

Su respiración tranquila cuando duermen, especialmente cuando sueñan en mis brazos.

Cuando se descalzan para bailar y suben a las mesas creyendo que sostienen guitarras eléctricas.

Los ratos que pasamos haciéndonos cosquillas en el pelo, mientras tarareo canciones o susurro cuentos inventados.

El instante en el que tras una rabieta o un enfado, vuelven a la calma, y me tocan con un dedo la rodilla (estoy aquí) o me abrazan como diciendo: ya se me ha pasado.

Dibujarles el contorno de la cara, las cejas, las pestañas, las mejillas con los dedos, ver cómo entrecierran los ojos (como si soñasen).

Cuando cuentan lo que hacen, lo que sienten. Dibujo un dragón que se ha convertido en una mariposa. Me lavo las manos. Mírame, yo bailo así. No me gusta el desayuno. Yo creo que los elefantes hacen esto. Estoy enfadada. Ella me ha empujado aquí en el corazón. Yo he visto al hada.

Sus declaraciones de amor. De un amor muy puro, de esos que abrigan, consuelan, acompañan.

El modo en el que se ayudan poniéndole los zapatos a otro/a, por ejemplo.

Cuando ríen con ganas mientras hago bromas.

Agacharme, mirarles detenidamente mientras narran dramáticamente un acontecimiento importante.

Eso de que me sigan (con los ojos abiertos de par en par) si se me ocurre una danza, un recorrido, un juego, una idea, algo.

Cuando les digo: vamos a contar un cuento, silencio, si hacemos ruido… Se escapa la magia. Y todas/os escuchan atentamente.

Sus abrazos así tan fuertes, imagínatelo.

Las bromas, la complicidad que llego a establecer con ellos/as. Sus risas contagiosas.

La inocencia.

Dicen que hoy es el día del niño/a. Yo creo que hay que celebrarles todos los días, pero aún así, esto va por todos/as los/as que han formado parte de mi vida.

 

 

 


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Una alumna del curso pasado (que no me olvida) me escribe cartas así de bonitas, con el corazón temblando en la mano. Puede haber un amor más puro que este?

Me pregunta que qué voy a pedirle a los reyes. Más personas como tú, pienso. Porque después de trabajar con M. dos años seguidos, supe que existen personitas extraodinarias, inteligentes, sensibles, mágicas, buenas…

Porque esta conexión muda e indestructible que a veces establezco con mis alumn@s me emociona. Por cartas así, por sus abrazos cuando nos encontramos (tan fuertes, tan auténticos), por sus declaraciones de amor tan inocentes, porque creen y quieren creer en todas esas cosas que casi todos olvidan.

Me encanta esto en mi buzón.


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  1. Decirle abiertamente lo que sientes, sin miedo, con una sonrisa en los labios.
  2. Respetar sus necesidades, ideas, sueños, opiniones.
  3. Incitarle a que siga creciendo como persona, como un individuo independiente que necesita sentirse pleno/a y autosuficiente. Seguir creciendo tú en todo.
  4. Apreciar a su familia y amigos/as. Integrarle con los tuyos. Darle su sitio.
  5. Admirar lo bien que canta o escribe o besa o cocina o debate o nada …
  6. Disfrutar del deleite de la otra persona, animarla a hacer cosas que le gusten y a quedar con personas que ama.
  7. Escucharle mirándole a los ojos, prestar atención a sus preocupaciones sin juicios de valor. Hablarle con total confianza de todo lo que piensas y necesitas.
  8. Expresarle los derechos fundamentales que consideras importantes en una relación, prometerle con el corazón temblando en la mano que esos derechos (los suyos y los tuyos) se comparten y son bidireccionales.
  9. Leerle en voz baja.
  10. Hacerle (y que te hagan) cosquillas en el pelo y en el antebrazo hasta conciliar el sueño.
  11. Dejarle espacio (y pedir espacio) para estar a veces enfadada, triste, excitada, feliz, ilusionada, malhumorada…
  12. Decirse las cosas con cariño. Y a veces decir: “vete a la mierda o que te jodan un rato” cuando estallan volcanes en el pecho (sin llegar en ningún caso, y esto es muy importante, a las faltas de respeto, insultos ni malas maneras).
  13. Regalarle libros y películas por ejemplo.
  14. Perderse en museos, exposiciones temporales, ciudades, metros, plazas, avenidas, cines…
  15. Ir al teatro.
  16. Reír. Mucha risa. No importa cuando: cola del súper, garaje, cocina, ducha, cama, puerta del trabajo…
  17. Cepillarle el pelo (y que te cepillen el pelo).
  18. Ofrecer (y que te ofrezcan) estabilidad, lealtad.
  19. Muchos besos, miles, millones, y caricias y todo lo demás, muchas veces, en muchos sitios. Que nunca se pierda ese contacto especial.
  20. Ponerle tus películas favoritas, decirle: mira esta escena, siempre me emociona.
  21. Seguir haciendo las cosas que te gustan seguir conservando y cuidando de tus amigos y familiares.
  22. Pasear en bicicleta, patinar.
  23. Besar debajo del paraguas, debajo de las sábanas. En medio de una plaza.
  24. Hacer viajes en coche. Coger muchos aviones. Invitarle a muchos sitios. Trazar caminos con el dedo sobre un mapa.
  25. Elegir siempre a personas con madurez emocional, capaces de cuidar de sí mismas, de mantenerse, capaces de ser independientes. Ofrecer lo mismo.
  26. Optar siempre por la valentía. Para amar, para entregar, para confiar, para explicar lo que sucede…
  27. Construir un vínculo sano, maduro, fuerte, con raíces hacia abajo y ramas hacia arriba.
  28. Agradecer todo lo bonito que te ofrece.
  29. Decirle que no cuando no quieres algo, respetar cuando lo dice ella. Poner límites. Aceptar límites.
  30. Respetar siempre, cada minuto. Y exigir el mismo trato.
  31. Escuchar la lluvia. Contarle cosas mientras se ducha.
  32. Cocinar juntas.
  33. Ver series.
  34. Compartir mucho. Tener espacios individuales.
  35. Dejar ir.
  36. Dejar libre y ser completamente libre.
  37. Comprometerse.
  38. Cuidarle cuando sube la fiebre. Que te cuide.
  39. Abrazarle así de fuerte cuando algo le preocupa.
  40. Dibujar las líneas de sus manos.