Besos con lenguaje

Archivo mensual: septiembre 2017

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Parece que han pasado unos años desde mi último post. Creo que sólo fueron unos meses. ¡Qué de cosas han pasado desde entonces! Cuando escribí aquí por última vez estaba llena de preguntas, me pesaban un poco los días, no sé. Parece que todo eso ardió y quedan cenizas, las más brillantes que he visto nunca.

Ahora es todo nuevo. Qué bonito estrenar ayer un atardecer tan limpio a las orillas del río (o casi). Parecía otoño. Pensé: pero si no queda nada del verano, ¿cuándo ha sucedido?

Y es que ha sido como pestañear un par de veces y todo reluce diferente. Los niños, los perros, la luz, las calles, las voces a lo lejos, los coches, las bicis cuando frenan, el crujido de las ramas de los álamos, las canciones que escuchaba y puedo volver a escuchar (sonrisa), mis alumnos/as cuando arrastran sus sillas minúsculas como diciendo “estoy aquí, mírame”.

Y tengo el día de dar las gracias. Yo es que soy muy de decir: joder, qué bien me haces, gracias gracias gracias. Sobre todo en etapas como la que he pasado, tiempo en el que he crecido mucho más que en los últimos diez años. Horas para hacer ejercicio de introspección y renovarse plenamente, para reafirmarme, corregirme, sonreír, conectar con mis amigos otra vez (decirles: os quiero, os quiero, os quiero), volver a sentirme preciosa y sociable, viajar, reírme a carcajadas con mi hermana, pasear con mi madre, cuidar de mis bichitos, conocer gente maravillosa que me ha llenado la boca de palabras, de mojitos, de risas, de consuelo. Este verano ha sido como extenderse hacia arriba hasta tocar el cielo.

Mis padres, como siempre, recogiendo mis ideas, abrigándome los días.

Mi hermana, única, cercana, todo el rato.

María. Cerquita, abrazándome los miedos. No importaban los minutos ni el momento. A Silvia por quedarse siempre y darme paz.

Eva. De lo mejor que me llevo de estos meses. Tus llamadas, ¿te acuerdas? para saber cómo me sentía, tus bromas para secarme las lágrimas, nuestras confidencias a deshoras, tu cariño inmenso y auténtico. Me has ayudado tanto que me dan ganas de estrujarte.

Laura, porque ha reconducido mis emociones y todos los caminos.

Estela. Por todo lo que ha hecho conmigo. Toda esa ternura implacable que me regala. Y las risas en la Alameda.

Alicia, por su piedra mientras me decía: ahora te toca ser dura y fría, te regalo esta piedra que he encontrado en la playa, cógela fuerte. (Ya no me hace falta pero la conservaré conmigo).

Feli, por su preocupación, por aguantarme cuando yo estaba mimimimi yoyoyoyo mira cómo me siento. Por las cenas, sus perros, la calma.

A Furo y Ego, que me siguen y me aman y me alumbran los días y las noches.

A Inés o Nesi (número dos, pero increíblemente importante y estupenda, no creo que sea la segunda ni la que va detrás de nadie), por su timidez (y derramarse dos cervezas diciendo lo siento lo siento jajaja) sus sandalias y esa sonrisa, por despertarme un poco del letargo y mirarme así. Me miras bonito. Gracias.

Alex que desde el otro lado del mundo quiso confiar en mí, y rompió a llorar como los niños, dejándose ayudar por mí.

A Conchi y Estefanía por presentarme a Lucile y llevarme a cenar. Gracias por aquella noche.

A Estrella, porque eres mucho más bonita, frágil, inmensa y auténtica que las que yo buscaba en el mar. Por detenerte en mí y quedarte cerca. Conocerte es tan limpio, tan puro y apasionante que sólo puedo decirte gracias gracias gracias.

A Lucile, porque entre mojito y mojito nos contamos un montón de cosas sin tapujos ni vergüenza.

A mi querida Vanessa Ejea, por ser mi amiga y contar conmigo. Por intentar cambiar el rumbo de la vida en muchas ocasiones. (Mereces todo bonito).

A Pompón. Te quiero. Mucho. Mucho. Mucho. Tú y yo nos entendemos con mirarnos, amigo.

A mis amigos del teatro por abrazarme en el estreno, por sostenerme aquella noche.

Coni, porque te requiero y tú a mí también.

A Sandra… Ella es de esas personas que se quedan y sacan las uñas para defenderte.

A Joanna. Porque es la mujer de las bicis que me ha escuchado cuando todo oscurecía. Por ser tan buena conmigo siempre.

Carol, que siempre eres luz entre los árboles.

A Vroni, que preguntó siempre ¿cómo estás? háblame.

Sánchez, porque contigo las cosas siempre son limpias y fáciles.

Vero por aquellas charlas infinitas.

A Susi, porque Susi siempre permanece.

A Noelia, por arroparme.

Gloria, por ser buena como el pan y alegrarme la vida con sus peques.

A mi alumna Malena por sus cartas.

A la madre de Anita, la madre de mi pelirrojo favorito y a la mamá de Malena por llamarme y arrojarme luz.

A Alejandra y Ángela por ayudarme a recogerlo todo y llenarme de amor.

A mis nuevos alumnos por llenarlo todo de ruido, inocencia y alegría.

Tengo la vida repleta de gente maravillosa que me enseña, besa, abraza, admira, ama, sonríe, sorprende, cuida, cuenta, exige, pide, enfada, remueve, sacude, llora, ilumina, dice, sueña, hace, promete…

Este verano ha sido alucinante porque habéis formado parte de mí. Y el otoño… a punto de nacer. Qué ganas.

 

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