Besos con lenguaje

Archivo mensual: abril 2017

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Ayer por la mañana, entre bromas y conversaciones de todo tipo, conversé con una compañera del trabajo sobre un tema que me hizo reflexionar, luego me quedé un rato por la tarde dándole vueltas a ello (a veces me pasa, aunque no se trate de algo importante). Por la noche vi una serie en la que un par de chicas se hacían un selfie junto a la taquilla de otra niña que había muerto para publicarla después en sus redes sociales.

Ayer alguien me contaba que vivimos obsesionadas/os por la “aceptación” y el halago del otro, que ha borrado su cuenta de una red social porque estaba harta de mirar los “me gusta” cuando estrenaba foto.

Después en casa, con otra conversación, pensé en ello. Y mientras paseaba por la calle, también.

Pensé que como docente (y como futura madre) quiero educar de otra manera, que cuidar nuestro aspecto, nuestro cuerpo, cortarnos el cabello o ponernos ese vestido o esos vaqueros estupendos debe ir enfocado a sentirnos bien y gustarnos a nosotras/os mismas/os.

Tal vez yo cuando era más joven era un poco así, me gustaba el halago, provocaba el halago porque supongo que lo necesitaba de algún modo. Era como si de ese modo se reafirmara mi belleza en un momento dado o en una etapa determinada.

Después crecí. Y además de crecer y madurar, tuve una relación tormentosa en la que sufrí con cierta desesperación por no saber cómo solucionar las cosas. Ese dolor no fue un dolor corriente, fue intenso, profundo, que me despojó de “tonterías”, inseguridades o memeces. Después del dolor, vino la solución, el aprendizaje, la calma. Y fue entonces, en el aprendizaje y la calma, cuando supe que todo lo banal comenzaba a aburrirme, cualquier comportamiento idea o necesidad superficial, me aburría inmensamente, porque había aprendido tantas cosas que se me habían ido para siempre todas las tonterías.

Tomé consciencia de la verdadera razón por la que nunca publico fotos mías aquí, ni aquí ni en instagram ni en twitter. Y eso que yo estoy feliz con mi aspecto físico, creo que no estoy nada mal, me gusto por dentro y por fuera, me cuido, tengo ropa bonita, no sé, quiero decir que no me avergüenza el envoltorio en absoluto y soy presumida. Pero… no me hace falta provocar el halago, no necesito “hacerme selfies” (cuando me enamoro sí, envío fotos a la persona que me gusta y está conmigo porque me vuelvo una romántica) para que todos me digan que estoy guapa. Si quedo con amigos o salgo con mi novia y me dicen “estás preciosa”, pues genial, a todos/as nos gusta agradar, pero no necesito nada de eso realmente.Es como si crecer me hubiese permitido algo muy muy bonito: ser completamente libre.

Y me encanta ponerme ese vestido negro y me pinto los labios y me pongo un bikini que me parece muy favorecedor, aunque no lo publique ni persiga el halago. Me gusta cuidarme por y para mí, por el placer de pasear por una ciudad preciosa y mirar el cielo, y tomarme un café en buena compañía, y echar unas risas, y hablar del libro que me estoy leyendo ahora (“El amor de una mujer generosa”) y sentirme absolutamente feliz conmigo misma y con lo que soy capaz de aportarle a otras personas. Porque más allá de los selfies, los “megusta”, los halagos, hay un universo inmenso, dentro de nosotras/os mismos/as y a nuestro alrededor.

Y quiero educar así. En el amor propio, el cuidado de una mismo/a, la confianza, la libertad, la sensibilidad, el cultivo de este mundo interior tan mágico, y la ausencia de banalidad.

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