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Les he preguntado a mis alumnas/os: ¿Qué os hace especiales o qué os gusta de vosotras/os?

Y dicen:

“Yo dibujo bien”. “Que tengo sentimientos especiales”. “Que hago los puzzles muy rápido, señorita”. “Que soy muy lista y muy fuerte”. “Que casi siempre estoy contento”. “Mi colección de dinosaurios”. “Que juego todo el rato”. “Que abro los ojos y estoy feliz”. “Mi familia titiritera (¿?¿?¿)”.

Y luego, una niña me observa atentamente añade: “Y tú, señorita, tienes muchas muchas muchas cosas que te hacen especial”. Yo me encojo de hombros, y entonces mis alumnas/os comienzan a decirme con dulzura todo lo que ellos/as ven en mí y dicen levantando sus manitas: “Que eres guapa”. “Que haces que el colegio sea bonito”. “Me llenas el corazón de amor”. “Que estás siempre a mi lado”. “Eres cariñosa”. “Eres buena”. “Que eres un bombón (mi alumna M. me lo dice cada mañana nada más llego a recogerles y es adorable)”. “Que nunca nos castigas, prefieres hablar con nosotros”. “Que me lees cuentos especiales”. “Tu pelo”. “Cuando hacemos la fila y me saludas”. “Que eres feliz (es cierto, lo soy) y nunca te olvidas de nosotros”. “Que me enseñas a pensar (señalándose al mismo tiempo la cabeza)”. “Que te gustan los animales”. “Que te preocupas por los demás”. “Que cantas bien”. “Que haces bromas todo el tiempo”.

No sé si soy todo eso que ellos perciben, son tan adorables al “verme” así… Pero sé que estoy llena de cosas pro hacer y que las cosas que hacemos nos convierten en cierto modo en las personas que elegimos ser. A veces quiero hacer demasiadas cosas, me puede la impaciencia de hacer  (hasta deseo planificar todas mis vacaciones y sólo estamos en abril) y ser, y no es necesario, todo llega cuando es el momento.

De lo que sí estoy segura es de que necesito terminar un relato y una novela. Y no queda nada nada para eso, no sé en qué me convierte escribirlas, pero me gusta hacerlo, y es algo que sólo depende de mi cabeza soñadora y de las yemas de mis dedos.

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