Besos con lenguaje

Archivo mensual: febrero 2017

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Cuando fui a ver “La llegada” me senté cómodamente en el cine y abrí mucho los ojos. Te va a gustar, te va gustar, me habían dicho. Un rato más tarde, tras leer algunos títulos de crédito, finalizada la obra maestra, me quedé sin habla durante unos minutos.

Más allá de ser considerada una película de ciencia ficción (no estoy muy especializada en este género), me conquistó el mensaje, que atravesó mi corazón y mis vísceras como una espada. Y aquí va un spoiler (por tanto deja de leerme si no la has visto). La fotografía, los encuadres, la exquisita sensibilidad de las imágenes de una niña que enfermaba y crecía insertadas en silencio en medio del largometraje, la luz, la fuerza y la vulnerabilidad de la protagonista, la importancia de la comunicación y la paciencia, el amor, el dolor, la pérdida… Pero lo que me sacudió fue el mensaje: atrevernos a vivir una historia a sabiendas del dolor que puede provocarnos, aún cuando imaginas o sabes claramente que vas a sufrir. Wow. Qué bonito y qué valiente.

Los seres humanos le tememos tanto al dolor, al sufrimiento que otro nos puede provocar, que nos asusta decir “sí, vamos”. Obviamente estoy de acuerdo y no lo estoy, quiero decir, hay que atreverse a vivir algo aún a sabiendas de que esa persona puede hacernos daño (siempre hay señales, detalles, que queremos y no queremos percibir, yo he aprendido al crecer, a verlos, a recogerlos, almacenarlos y a vivir las consecuencias de una elección), pero también hay que saber marcharse, dejar ir, cuidarnos, y elegir, en medida de lo posible, siempre, el buen amor. Lo que sucede es que esta película habla de lo irremediable de la enfermedad, de lo irrevocable, lo imparable, hermoso e incondicional que tiene el amor maternal.

Una vez alguien me dijo que las personas confunden el amor a los quince años con el verdadero amor, por lo puro, tierno e inocente que es,  cuando no sabemos las consecuencias de una ruptura, de una decepción, y mi amigo defendía que el amor más auténtico es precisamente el otro, el que viene con los años, ese amor que viene implícito cuando sabes que al entregarte emocionalmente a otra persona, arriesgas un corazón blando y sangrante y aún sabiendo todo eso, lo entregas, lo haces. Amar con la plena consciencia del dolor, de todo lo que puede suceder.

Personalmente opino que a veces cuesta exponerse, que tras experiencias que no salieron como esperabas estamos más cómodas/os en una nueva zona de confort en la que nadie puede hacernos daño, y al mismo tiempo, considero preciosa la elección personal de arriesgarse y seguir aprendiendo.

Tras ver la película me acordé, no sé por qué, de mi perro. De ese momento en el que adoptas a un animal al que sabes que vas a adorar, asumiendo al mismo tiempo  que un día dejará de acompañarte. Y al pensar en esto, aunque no derramé lágrimas, me emocioné profundamente.

Ya me he ido por las ramas. Todo esto para decir que vayas a ver la película, que te va a gustar, que puedes disfrutar de una historia de extraterrestres que habla en realidad del amor, el lenguaje y la consciencia.