Captura de pantalla 2016-12-20 a las 22.39.14.png

Qué feliz con placeres tan sencillos. Ya están puestas las lucecitas de la ventana, y el árbol parpadea también. Ego que es mi perro, pasea su jersey y su pajarita y tiene frío a pesar de todo, así que pega su cuerpecito cálido al mío, a todas horas. Qué bonito dormirnos con la calefacción sin relojes. Y Furo que es mi gato, parece contento muy contento de hecho, y juega con los adornos del árbol, y yo le dejo porque lo importante de todo esto, de cualquier cosa, es ser absolutamente feliz. Sin más.

Y hoy he escrito. Y me ha gustado sentarme a hacerlo.

Y soy feliz cuando leo “Los olivos de Belchite” y no quiero que se agote la historia. No quiero. No me gusta que los libros se acaben, deberíamos crear cuentos infinitos que acabasen sólo cuando el lector o lectora estimase oportuno.

Y cuando ella y yo nos quedamos muy cerca, como a punto de besarnos, y me traga con sus ojos y sus manos. Y me dice que soy preciosa, me lo dice con la voz y con los labios. Parecemos dos criaturas bestiales, en serio, quietas y expectantes, la respiración se agita y es hermoso mirarse de esa manera. Aunque yo le digo (ella lo sabe y lo comparte) que yo además de carne y piel, soy muy emocional, y que lo bonito de “esto” que tenemos es que sabemos combinar el amor de huesos y suspiros con sentimientos profundos y certeros, que debajo de la piel está el corazón (mira, le digo, está justo aquí) que hace boom boom boom. A mí me gusta la lencería y el pijama, gemir y leernos en voz baja, hablar de “yo te haría esto” y debatir sobre películas o libros. A mí me da paz el equilibrio y la certeza, dentro de la pasión y del impulso.

Qué feliz cuando me he comprado esta tarde un trozo de pastel de manzana y me lo he comido por la calle, mientras miraba luces, niños, perros, gente.

Qué feliz cuando voy al cine y compro palomitas, y suspiro de ganas justo antes de que empiece. Me encanta el preludio de algo bonito. Lo que viene antes de, lo que intuyes e imaginas.

Y soy muy feliz cuando trazo planes. Yo qué sé. Quiero una casa con cocina grande para cuando sepa preparar muchos más platos, luminosa, dormitorio con librería. Y publicar muchos libros. Quiero aprender a cocinar comida japonesa y sopas. Y vivir los días, cada uno de ellos, con calma, amor… Te querré así. Te cuidaré así. Tendremos hijos, le diré esto a nuestra hija cuando pregunte eso. Cuidaremos de nuestros padres cuando enfermen. Que vengan siempre nuestros amigos a casa y se sientan en casa. Pero también los planes a corto plazo: vayamos al teatro, desvísteme, compremos sábanas, quiéreme, vivamos juntas, demos un paseo, léeme ese fragmento justo ese ahora, hazme cosquillas en el pelo que tengo sueño, abrázame.

Pero sobre todo quiero vivirme todos los días. Amar con la paciencia, la calma y la certeza de hacerlo. Entregar mis manos, los ojos, los brazos, el alma a las personas que quiero. Proteger. Cuidar. Mimar un poco. Ofrecer.

Soy feliz, muy feliz cuando, como ahora, la noche es silenciosa y mágica. Y todo se vuelve susurro, íntimo y acogedor.

 

 

 

 

Anuncios