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A mí diciembre me sabe a dulces, manos frías, vino blanco, vaho cuando decimos “¿quieres ir a esa cafetería de ahí?” por ejemplo, calefacción, patinaje sobre hielo, más libros, amor debajo de edredones estampados, cine, escritura, y un poco a fun fun fun que algunos niños cantan en la plaza.

Ayer compré algunas cosas en una tienda, unos adornos bonitos, y antes de hacer sonar la caja registradora (clang cling, clung) la chica me miró un momento y dijo: “¿quieres algo más?”, así con una expresión muy seria.

Negué con la cabeza. Pero en el fondo pensé: quiero vivir el amor como ese que nace de las entrañas, con transparencia y certezas, desde esta pasión que me desborda y con la sensatez y madurez que se requiere,  y quiero ponerme enferma en pareja y mirarnos las ojeras y ponernos el termómetro, quiero ver a mis padres llorando de la risa diciendo “¿te acuerdas de cuando tú..?”, y que mi amiga Carol viva pronto en Europa y se olvide de los rostros pálidos de su país, quiero aprender a cocinar y que me apetezca cocinar de lo feliz que esté, quiero que Celia encuentre en su trabajo eso que tanto necesita, ¡y sobrinos! quiero tener un sobrino en el regazo y leerle cuentos por las tardes y celebrarle cumpleaños, ver películas y comentarlas así “oye, ¿te has fijado en eso?” con manos que recorren con cariño mis rodillas, quiero que sepan que los quiero (mis amigos, mi familia, las personas que amo)  y los cuido y que mi casa mis brazos  mi sangre el corazón mis cosas son suyos, y quiero sexo con amor y piel a raudales sin relojes ni kilómetros, ver la aurora boreal y recordarla luego, quiero hacer footing todos los días, y agradecer a mis amigos esos ratos largos que me ofrecen, y esos zapatos que vi el otro día, y quiero actuar y que no me tiemblen las rodillas justo antes, quiero que mis alumnos/as digan siempre lo que están pensando y aprender de ellos/as, y me apetecen cosquillas en el pelo casi casi a cualquier hora, y devorar libros que me sacudan, y poner a Jamie Cullum mientras charlo con alguien en el sofá de mi casa, y que suene mi canción mientras subo escaleras mecánicas, quiero terrazas desde las que sólo veo cielo, quiero dormir como los niños, y todas las siestas con Ego, quiero viajar a Nueva York el año que viene para 2017, y que el amor no se muera que siempre me observen con la mirada brillante y viceversa, y besos ¡por pedir! muchísimos besos. Y que diciembre me sepa a estrellas en el cielo, a cosas nuevas.

Pero para cuando acabé de pensar, ya tenía todo en la bolsa y la chica me decía “muchas gracias, hasta luego”. Toda sonrisas.

 

 

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