Besos con lenguaje

Archivo mensual: diciembre 2016

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Para este año muchas cosas. Lo primero felicitaros por seguirme, leerme, tratarme así con tanto cariño, todo lo mejor para vosotras.

Y ahora sigo con lo mío.

El 2016 ha sido tan intenso y tan bonito… Qué especial. Con sus lágrimas, un duelo, el amor, viajes, ganas, alegría, incertidumbres, caminos, una familia creciendo, el cielo otra vez tan salvaje y cristalino…

He crecido muchísimo espiritualmente (y quiero seguir haciéndolo). Dicen que crecer duele y es cierto. Ha dolido. Tal vez porque salir al mundo y exponer el corazón otra vez, es difícil. Aprender a confiar, a decir sí, a deshacer la coraza, a rehacer todo lo que andaba roto. Aprender a vivir sola. Y volver a idear una convivencia con alguien. Empezar de cero. Tomar decisiones muy importantes… Ha sido muy bonito, pero intenso. Crecer ha sido una de las experiencias más hermosas que he tenido, a pesar de todo.

Me dan ganas de decir otra vez gracias a todas esas personas (y animales no humanos) que han estado aquí para quererme mucho. Me llevo todas esas manos, brazos, voces, afecto… Sabía que tenía amigos estupendos y una familia buenísima, pero no tenía ni idea de hasta qué punto me adoraban.

El 2016 me regaló a Inés, después de yo inventármela en un libro, apareció de la nada, así por sorpresa. “Me llamo Inés”. “Yo me llamo Helena”. “Sí, eso lo sé, porque te he leído”. “Pues eso, me llamo Helena”. “Y yo, Inés y cuéntame, háblame de ti”. “Pues mira, yo nací en Sevilla, tengo el corazón un poco roto por los lados, mira, amo los libros y el cine y el teatro…”. Y fuimos hilando una vida, transformando mis miedos en sueños, y conseguimos cosas maravillosas al mirarnos. Ha sido (y es) una experiencia preciosa,  abrumadora a veces, no sé. Hemos vivido mil cosas bonitas. Podría describir tantas… Inés y yo más que nada, nos queremos, arrullamos, acompañamos, soñamos, reímos, lloramos… Yo quiero que el 2017 siga arropándonos así, siga diciéndonos que sí a todo, que lo hagamos, que es bonito atreverse.

En nada uvas, vestidos, beso. En nada, estrellas, promesas y un “Érase una vez” porque empieza y sigue el cuento.

 

 

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Instrucciones para una Navidad bonita (aunque yo lo aplicaría a todo el año, dosificando):

-Lee. Hazte con algunos libros que te gusten mucho mucho.

-Pasea, mira las luces, observa a la gente sin demasiado detenimiento, camina alegremente.

-Queda con buenos amigos para tomar chocolate caliente, café, té (y ríete, nada de debatir cosas importantes, o sí, depende del efecto que te produzca)… Para patinar sobre hielo, visitar alguna exposición, ¡ir al cine!

-Eso. Ve al cine. A mí el cine en invierno me gusta todavía más. ¡Palomitas! Si tienes niños cerca (hijos/as, sobrinos/as, primos/as, hijos/as de buenos amigos…) llévales a ver una de animación, échate unas risas y ponte cuernos de reno si es necesario.

-Haz un viaje, aunque sean un par de días con alguien. Recorre otra ciudad, señala lo mucho que te gustan algunas plazas, calles, monumentos… Dí cosas como: “mira eso de ahí, es precioso”.

-Prepara regalos, o simplemente, piensa en cosas agradables para las personas que más quieres.

-Visita a las personas importantes. Abuelos. Tíos. Primos. Amigos… (Esto no sólo en navidad obviamente). Abrázales.

-Demuestra cuánto te importa la gente que quieres. Hazlo siempre, con hechos y detalles entrañables, pero en navidad no te olvides de ninguno. Felicita. Llama. Visita. Manda postal. Recuérdales que estás ahí y que los quieres muchísimo.

-Prepara platos exquisitos si te apetece cocinar, ponte buena música para ello. Jazz. Villancicos (bonitos por favor, en plan… no sé… White Chritsmas de Michael Bublé, adoro todos sus villancicos). Pero que suene música y sea un momento íntimo.

-Haz el amor.

-Escribe.

-Duerme un montón. Desayuna en la cama.

-Si tienes perro: largos paseos invernales, cosquillas y muchas caricias. Si tienes gato: mimos, galletas, juegos en casa, siestas con ronroneo.

-Cuida, cuida mucho a quién te necesita. Y pide cuidados y cariño.

-Disfruta. Ríete. Celébrate como gustes, haz lo que más te apetezca, rompe con convencionalismos si no te llenan, pero exprime tus vacaciones.

-Agradece un montón todo lo bueno que te aportan y te entregan. Yo no sé cómo devolver tanto cariño y atenciones a las personas que me quieren.

-Come lo que te apetezca, chocolates, dulces, no sé, lo que más te guste.

-Quiérete. Cuídate. Abróchate bien ese abrigo y no te olvides de los guantes. Que vales mucho 😉

Te deseo una Nochebuena preciosa y una Navidad blanca, luminosa y mágica… Shhhh qué viene Papá Noel esta noche…

 


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Qué feliz con placeres tan sencillos. Ya están puestas las lucecitas de la ventana, y el árbol parpadea también. Ego que es mi perro, pasea su jersey y su pajarita y tiene frío a pesar de todo, así que pega su cuerpecito cálido al mío, a todas horas. Qué bonito dormirnos con la calefacción sin relojes. Y Furo que es mi gato, parece contento muy contento de hecho, y juega con los adornos del árbol, y yo le dejo porque lo importante de todo esto, de cualquier cosa, es ser absolutamente feliz. Sin más.

Y hoy he escrito. Y me ha gustado sentarme a hacerlo.

Y soy feliz cuando leo “Los olivos de Belchite” y no quiero que se agote la historia. No quiero. No me gusta que los libros se acaben, deberíamos crear cuentos infinitos que acabasen sólo cuando el lector o lectora estimase oportuno.

Y cuando ella y yo nos quedamos muy cerca, como a punto de besarnos, y me traga con sus ojos y sus manos. Y me dice que soy preciosa, me lo dice con la voz y con los labios. Parecemos dos criaturas bestiales, en serio, quietas y expectantes, la respiración se agita y es hermoso mirarse de esa manera. Aunque yo le digo (ella lo sabe y lo comparte) que yo además de carne y piel, soy muy emocional, y que lo bonito de “esto” que tenemos es que sabemos combinar el amor de huesos y suspiros con sentimientos profundos y certeros, que debajo de la piel está el corazón (mira, le digo, está justo aquí) que hace boom boom boom. A mí me gusta la lencería y el pijama, gemir y leernos en voz baja, hablar de “yo te haría esto” y debatir sobre películas o libros. A mí me da paz el equilibrio y la certeza, dentro de la pasión y del impulso.

Qué feliz cuando me he comprado esta tarde un trozo de pastel de manzana y me lo he comido por la calle, mientras miraba luces, niños, perros, gente.

Qué feliz cuando voy al cine y compro palomitas, y suspiro de ganas justo antes de que empiece. Me encanta el preludio de algo bonito. Lo que viene antes de, lo que intuyes e imaginas.

Y soy muy feliz cuando trazo planes. Yo qué sé. Quiero una casa con cocina grande para cuando sepa preparar muchos más platos, luminosa, dormitorio con librería. Y publicar muchos libros. Quiero aprender a cocinar comida japonesa y sopas. Y vivir los días, cada uno de ellos, con calma, amor… Te querré así. Te cuidaré así. Tendremos hijos, le diré esto a nuestra hija cuando pregunte eso. Cuidaremos de nuestros padres cuando enfermen. Que vengan siempre nuestros amigos a casa y se sientan en casa. Pero también los planes a corto plazo: vayamos al teatro, desvísteme, compremos sábanas, quiéreme, vivamos juntas, demos un paseo, léeme ese fragmento justo ese ahora, hazme cosquillas en el pelo que tengo sueño, abrázame.

Pero sobre todo quiero vivirme todos los días. Amar con la paciencia, la calma y la certeza de hacerlo. Entregar mis manos, los ojos, los brazos, el alma a las personas que quiero. Proteger. Cuidar. Mimar un poco. Ofrecer.

Soy feliz, muy feliz cuando, como ahora, la noche es silenciosa y mágica. Y todo se vuelve susurro, íntimo y acogedor.

 

 

 

 


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A mí diciembre me sabe a dulces, manos frías, vino blanco, vaho cuando decimos “¿quieres ir a esa cafetería de ahí?” por ejemplo, calefacción, patinaje sobre hielo, más libros, amor debajo de edredones estampados, cine, escritura, y un poco a fun fun fun que algunos niños cantan en la plaza.

Ayer compré algunas cosas en una tienda, unos adornos bonitos, y antes de hacer sonar la caja registradora (clang cling, clung) la chica me miró un momento y dijo: “¿quieres algo más?”, así con una expresión muy seria.

Negué con la cabeza. Pero en el fondo pensé: quiero vivir el amor como ese que nace de las entrañas, con transparencia y certezas, desde esta pasión que me desborda y con la sensatez y madurez que se requiere,  y quiero ponerme enferma en pareja y mirarnos las ojeras y ponernos el termómetro, quiero ver a mis padres llorando de la risa diciendo “¿te acuerdas de cuando tú..?”, y que mi amiga Carol viva pronto en Europa y se olvide de los rostros pálidos de su país, quiero aprender a cocinar y que me apetezca cocinar de lo feliz que esté, quiero que Celia encuentre en su trabajo eso que tanto necesita, ¡y sobrinos! quiero tener un sobrino en el regazo y leerle cuentos por las tardes y celebrarle cumpleaños, ver películas y comentarlas así “oye, ¿te has fijado en eso?” con manos que recorren con cariño mis rodillas, quiero que sepan que los quiero (mis amigos, mi familia, las personas que amo)  y los cuido y que mi casa mis brazos  mi sangre el corazón mis cosas son suyos, y quiero sexo con amor y piel a raudales sin relojes ni kilómetros, ver la aurora boreal y recordarla luego, quiero hacer footing todos los días, y agradecer a mis amigos esos ratos largos que me ofrecen, y esos zapatos que vi el otro día, y quiero actuar y que no me tiemblen las rodillas justo antes, quiero que mis alumnos/as digan siempre lo que están pensando y aprender de ellos/as, y me apetecen cosquillas en el pelo casi casi a cualquier hora, y devorar libros que me sacudan, y poner a Jamie Cullum mientras charlo con alguien en el sofá de mi casa, y que suene mi canción mientras subo escaleras mecánicas, quiero terrazas desde las que sólo veo cielo, quiero dormir como los niños, y todas las siestas con Ego, quiero viajar a Nueva York el año que viene para 2017, y que el amor no se muera que siempre me observen con la mirada brillante y viceversa, y besos ¡por pedir! muchísimos besos. Y que diciembre me sepa a estrellas en el cielo, a cosas nuevas.

Pero para cuando acabé de pensar, ya tenía todo en la bolsa y la chica me decía “muchas gracias, hasta luego”. Toda sonrisas.

 

 


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Y un día va Galeano y dice: Yo les disparo a las etiquetas. Y cuándo me dicen escritor de qué. Yo digo: de todo, de cualquier cosa. O cuándo me dicen usted es poeta; respondo, no, no escribo poesía, o a lo mejor la escribo y no me doy cuenta, y eso me llena de alegría, porque la literatura que más me gusta es la que revela la poesía escondida.

Y qué agradecida estoy, a todas/os las/os que se atreven a escribir, a hilar historias, a mecernos el sueño, a inventarnos excusas para creer que era cierto todo eso que contaban. Qué bonito pensar que todos esos personajes que inventan o invento yo a veces, existen, pasean de la mano de sus amantes o hijos, dicen, aman, se arrepienten, lloran, y esperan a tu lado en la cola del supermercado.

A todos los que escriben, gracias por crear. Y a todas/os las/os que leen, gracias por dejarnos seguir inventando.


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Hoy he muerto de amor otra vez.

Resulta que “sigo” a unas chicas que son pareja y tienen un canal en youtube muy gracioso. A ratos hablan de aspectos muy serios sobre la homosexualidad femenina, su normalización y aceptación, y otras me hacen reír mientras muestran sus inquietudes, viajes, animales, casa… La finalidad de ese proyecto es la visibilidad, la normalización de una forma de amar tan lícita y bonita como cualquier otra.

Resulta que hoy salían vestidas de árbol de navidad y de osito polar creo que recordar (aquí me han ganado, porque me encanta eso de hacer el tonto y disfrazarme, el otro día me vestí por unos minutos de arbolito de navidad en una tienda y me eché unas buenas risas). Y hacían un divertido análisis de algunas canciones navideñas conocidas mientras bailaban en la sala de estar. Cuando las he visto bailar, abrazarse, besarse, disfrazarse entre risas y vestir a su gata y a su perrita de elfos, me he emocionado, y es que me recuerdan muchísimo a mí, a mi forma de contemplar estas festividades, que más allá del concepto religioso que puedan tener, deberían de emplearse para disfrutar de las personas que más quieres.

Este post es un sin sentido, lo admito, porque se me ha quedado cara de tonta al mirar un simple vídeo gracioso de dos chicas que se adoran y me ha dado por escribir sobre ello, y no tiene mayor trascendencia. Me gusta el amor así.

Sin embargo, este año, he conocido a algunas personas que temen estas fiestas, porque también suenan a pérdidas, divorcios y las preocupaciones resuenan mucho más fuertes entre tanta luz y tanto regalo. Y me encantaría acompañar a todas esas personas que quiero, que tengo algo lejos y que tienen familiares enfermos o acaban de perder a alguien.

Se me ocurre que deberíamos dejar a un lado los ritos y las costumbres y hacer lo posible para que quienes tenemos cerca se sientan abrigados, queridos, protegidos y risueños, ¿no os parece?

 


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No sé si tendré hijos/as. No sé si me apetecerá ni si llegará el momento. Es cierto que siempre tuve un instinto maternal muy bonito (o más bien el deseo de acoger en mi regazo a alguien mientras crece,de crear un vínculo irrompible y libre) pero quién sabe. Yo quiero tener las manos llenas y el corazón preparado para recibir si decido que venga.

Pero si lo tuviese, habría un rito establecido entre nosotros/as (mi hija/o y yo), el de querernos todo el rato, el de leer cuentos todas las noches, el de aprender mutuamente todo lo que nos sea posible. A veces me imagino con un niño o niña de la mano, paseando sin prisas, no sé, iríamos a alguna parte supongo vete tú a saber, pero disfrutaríamos del trayecto y utilizaríamos esas aceras para conocernos y hablarnos.

Yo le hablaría casi seguro de literatura, de lo que quiero escribir (adaptando mis palabras a su corazón blando), de cine, le diría que la primera vez que vi aquella obra de Hopper me sentí sola por ejemplo. Y que lo más importante en esta vida no es el alimento del ego, ni llevar siempre la razón, ni dejarte llevar por otro, ni decir que sí a todo ni decir que no en todas las situaciones, sino conocerte muy bien, tratar de ser generosa/o, bueno/a, justo/a, proyectar buenos sentimientos, creer, confiar, disculparse si hacemos daño, cuidarse y cuidar, quererse y amar. No sé. Y entonces nos centraríamos en conceptos algo complejos, que iría identificando más despacio, pero le hablaría de ellos igualmente: la honestidad, la franqueza, la lealtad.

Me encantaría llevarle al teatro y contarle las veces que he actuado yo, lo bonito que es. Y a la ópera, analizaríamos la historia que hay detrás de cada pieza. Y a exposiciones de obras de arte, de dinosaurios inmensos, momias … Conocerá museos allá donde vayamos. Y le prestaré mi cámara de foto (o tendrá la suya) para que aprenda a “mirar”. Y diremos: ¿escuchas eso? es el viento, y mira esos ojos enormes de aquella niña que juega.

Le diré que es importante fijarse en los detalles. Y quitarse la arena al llegar de la playa. Y demostrar el afecto siempre. Y recoger su habitación, porque en el caos podemos perdernos un poco.

Y quiero que se sienta completamente libre, siempre y cuando no hiera, ni falte a nadie el respeto, porque qué importante es el respeto y la libertad. Libre para correr, decidir, emocionarse, llorar, decepcionarse, elegir, retractarse, crear, inventar, jugar, disfrazarse, aprender a nadar, enfadarse, creer, soñar, crecer, equivocarse… Y le explicaré que para ser libre de un modo razonable, tendrá que aprender también a tener en cuenta a los demás, que sus sentimientos son tan importantes como los sentimientos del otro, que hay que asumir la responsabilidad de los propios errores y aprender siempre de lo que uno/a hace, piensa, dice, y tomar decisiones con firmeza causando el menor daño posible.

Y que se cuide, que aprenda a poner límites (tanto a sí mismo/a como a los demás), que identifique lo que necesita para ser feliz y lo que no, que a veces tendrá que ser flexible, que es importante la empatía. Que aprenda a decir: esto no es lo que quiero, necesito un abrazo, me siento triste, quiero hacer todas estas cosas, basta hasta aquí, esto me hace daño, esto me pone muy contento/a, lo siento, me he equivocado, te perdono.

Y que cuando diga te amo (una vez crezca y pueda sentir esas palabras) lo diga sin dudar, que no sueñe castillos sin conocer las consecuencias, que no prometa sin cimientos, que no crea todo ciegamente porque sí. Que viva el romanticismo y el amor al máximo (como yo) si le apetece, pero con sensatez, gestionando poco a poco sus emociones. Y que el amor es cuando te sientes más capaz, más feliz, más acompañado/a, que es respeto y sacar lo mejor del otro, y es paz, además de la pasión y el desbordamiento. Que todo lo que no sea así, no es amor, es otra cosa.

Y que lea, viaje, se emocione, llore, estalle de risa.

Qué bonito sería si un día tomo la decisión. Pero qué importante es estar preparada para semejante aventura.