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Me contaron que una vez un profesor hizo un experimento con dos manzanas idénticas (he decidido hacer el mismo experimento con mis alumnos/as).

Las/os niños/as se sentaron en círculo. Y eligieron entre todos una de las manzanas, eran exactamente iguales: coloradas, redondas, brillantes y deliciosas. Cuando decidieron cuál de las dos utilizarían, empezó el “juego”: cada niño debía insultar a la manzana y arrojarla contra el suelo o golpearla simplemente.Cuando acabase de “herirla” con palabras y golpes, debía pasar la manzana a su compañero/a de al lado, y éste/a haría lo mismo. Así hasta que todos/as los/as niños/as hubiesen gritado palabras ofensivas y hubiesen lanzado la pieza de fruta.

Cuando acabaron se quedaron en silencio y el profesor abrió las dos manzanas por la mitad. Esas que antes eran idénticas.

La manzana que nadie había tocado ni insultado, permanecía preciosa, sabrosa, intacta por dentro. La otra sin embargo, tenía el interior magullado, oscurecido, en mal estado.

La conclusión fue la que estás imaginando: el maltrato nos deja el corazón, las entrañas y el alma completamente destrozados, aunque también se refleje en nuestra cara demacrada, en el peso que perdemos, en que dejamos de opinar, soñar, decir, defendernos.

Hoy, 25 de noviembre de 2016, necesitaba contaros esta historia. Y debo añadir que el maltrato psicológico y físico contra un individuo, no sólo se da entre un hombre y una mujer. Desgraciadamente también lo sufrimos las chicas de manos de otras chicas. Hay falsos mitos como que una mujer maltratada sólo lo puede ser a manos de un hombre, o que si no hay bofetadas ni sangre no hay maltrato, o que el perfil de una chica maltratada es la que pertenece a un grupo socio económico bajo o no ha accedido a estudios universitarios o no es atractiva ni inteligente. Falsos mitos, absurdos que no se corresponden con la realidad. Todas podemos sufrirlo en algún momento y es importante educar en base a esto. Hay que aprender a poner límites, hay que crear desde la niñez un concepto del amor basado en el respeto, la ternura, el cariño, el diálogo, la aceptación de la otra persona, la responsabilidad de los propios actos y errores.

Todas distinguimos rápidamente un maltrato físico, pero a éste le precede siempre uno psicológico que pasa mucho más desapercibido y sobre el que no se “educa” ni prepara a nadie.

¿En qué consiste el maltrato psicológico? Con frecuencia las personas que maltratan psicológicamente a otras son aparentemente amables, solícitas, incluso pueden parecer paternalistas y muy inteligentes. Saben cómo manipularte, cuándo, y de qué manera pueden seguir ofreciendo una imagen “maravillosa” al resto.  Pero ¿en qué se basa? ¿cómo puedes identificarlo?

-Al principio son muy muy muy cariñosas/os, amables, te llenan de halagos, son aduladores/as, apasionados/as. Quieren compromiso, aseguran que eres lo mejor que le ha pasado. Pero esto cambia paulatinamente, de manera muy sútil, entre reproches y sonrisas.

-Reproches constantes. Diarios. Esto provoca un daño muy importante: empezamos a temer que se enfade, dejamos de creer en nosotras, nos sentimos torpes y dependientes.

-La culpa. Sus gritos, insultos y portazos siempre están provocados por tu “torpeza”, por lo que opinaste, hiciste o pensaste. Tus “debilidades” son cada vez más y eso les irrita. “Yo me enfado porque tú me haces enfadar”, “yo te grité porque te lo has buscado”, “te mereces que te llamase guarra o mala persona”. “No haces nada por mí, dime, dime, ¿qué haces por mí?”. Esta culpa al principio nos altera, no entendemos nada, pero finalmente con el paso de los meses, la asumimos, nos sentimos culpables por todo, empezamos a pedir perdón con agotamiento y por inercia. Perdemos la confianza en nosotras mismas. Llegan a afirmar seriamente que no quieres a tu “familiar” porque ni siquiera vas a verle varias veces al hospital, que eres horrible, y lo que en realidad sucede es que pesas 42 kilos y no tienes fuerzas para ponerte en pie e ir a ninguna parte (ni hospitales, ni cine, ni teatro, ni de tiendas…).

-Te acusan de victimista. “No te pongas a llorar otra vez, hija”, “eres débil, por eso te has desmayado”, “te encanta ir de víctima cuando sólo te he gritado la verdad”.

-Amenazas. “Si me pides tiempo me iré y te dejaré aquí”. “Si sigues llorando me vuelvo a dónde he venido”. El posible abandono está presente todo el tiempo, hacen y deshacen maletas constantemente, se van durante horas y sientes que ese es tu castigo, y finalmente te acostumbras a quedarte sola una y otra vez, aunque te aterra, porque llegas a pensar que no eres nada sin ella, que tu valía es inferior porque ella te lo hace saber diariamente.

-Portazos. Abandonos. Con frecuencia en sus enfados se van dando portazos, o te dejan en mitad de un bar o en plena calle. Son capaces de decirte que lo hacen por ti, porque mereces eso. Después de los gritos y los portazos viene el silencio.

-Mensajes infinitos en el teléfono. No importa si estás en el trabajo, o con una buena amiga tomando un café. Tienes que atender sus múltiples mensajes o será peor. Con frecuencia encontrará un motivo para enfadarse mucho por teléfono cuando estés ocupada en otra cosa: con tus amigos o en el trabajo, incluso cuando vas conduciendo. Dejas de quedar con otras personas y pierdes completamente tu interés en el trabajo porque estás constantemente centrada en sus mensajes y fuertes enfados.

-Sutilmente, muy muy sutilmente, comienza a ejercer un control absoluto sobre ti. Quiere saberlo todo, hasta cómo mantenías relaciones sexuales con otras personas, hasta cuántas veces hablas con un amigo.

-Insultos. “Eres débil, eres menos inteligente, eres una guarra, eres patética, eres dependiente, eres egocéntrica, eres imbécil, no tienes ni idea de nada…”. ¿Qué puedo decir? pueden decirte infinidad de cosas, y lo peor es que cada vez eres verdaderamente más imbécil y más dependiente, en eso llevan razón. Porque la suma de enfados, gritos, abandonos o reproches hacen que te sientas perdida, pequeñita, frágil, y llegas a pensar que te hacen un favor por estar a tu lado.

-Comparaciones constantes con sus ex parejas. Con ella era todo mejor, con ella yo no me enfadaba nunca (mentira pero tú crees absolutamente que eres la responsable de sus enfados desproporcionados), a ellas no les gritaba, ellas eran más maduras, o más generosas (aunque tú estés dando hasta la salud por ella), qué tonta fui de dejarla por ti menudo error…

-Inseguridad. Plantean situaciones aparentemente inofensivas, exes que quieren volver, amigas que se le declaran, mujeres u hombres que conocen por la calle cuando tú no estás, les cuentan todo lo mal que lo haces a sus ex novias y te lo comentan para que sientas aún más inseguridad, flirtean con otras personas pero al mismo tiempo te lo niegan… Y lo más importante: hay un reproche constante contra ti y múltiples halagos a sus parejas anteriores. Si bien es cierto que todos/as somos inseguros/as en algunos aspectos y según qué momentos, nuestra inseguridad se dispara porque somos “débiles, dependientes, tontas, guarras, patéticas, torpes…”. El hecho de que se dispare nuestra inseguridad, provoca que perdamos la fuerza para dejar esa relación, que dejemos de contarles a las personas de nuestro entorno lo que está pasando, nos avergonzamos de nosotras mismas y de lo que nos está pasando.

-Aislamiento. Lentamente dejamos de hablar, de opinar, de reírnos, de llamar a nuestras familias, de comunicarnos con nuestros compañeros de trabajo, de abrazar… Cada vez que salimos hay una discusión, hay algo que haces mal, aunque la integres o le envíes mensajes constantes sobre dónde estás y cuánto te falta para volver. Y nuestros amigos se alejan, porque no soportan vernos así, se indignan, intuyen lo que sucede y la detestan a ella, y como tú la sigues adorando, no puedes hacer más que aislarte absolutamente.

-Pérdida de peso. Dejas de comer, porque los gritos te quitan el apetito, no tienes fuerzas para prepararte un buen plato, ni para ir al súpermercado las veces necesarias. Por supuesto ella va más al súper y cocina y te lo arroja en la cara: no eres capaz de nada, menos mal que estoy yo.

-Falso paternalismo. Después de gritos durante meses, diarios, en los que le pides que pare, que no puedes más, llega un día (y muchos) que “estallas”, lloras, te mareas, sufres tus primeros ataques de pánico y ansiedad, te quedas inmóvil en la cama entre lágrimas, no te entra el aire… Y entonces… ella se acerca, con una pastilla para que te relajes y una bandeja con algo de comida, te “cuida” y te susurra: “¿ves? yo sí sé cuidarte, tú no sabes cuidarme a mí”. Y ahí va un nuevo reproche, ella te cuida, tú eres débil y una histérica.

-De repente dice que eres muchas cosas que nadie te ha dicho previamente. Eres en definitiva tan imperfecta que no vales nada. Y todo tu entorno te recuerda que eres preciosa, buena, generosa, divertida, cariñosa, trabajadora, responsable…

-Llamadas de atención constantes que llegas a creerte.

-La relación se vuelve circular:  primero reproches, luego gritos, luego enfado, luego “Luna de miel” en la que ella se relaja y tú intentas demostrarle que vales la pena, luego de nuevo estallido y dolor. Ese círculo es agotador…

-Y en definitiva: se convierte en el rey o la reina que te cuida (y aguanta), la amable persona que hace lo que sea por todos, la que hace mejor y más en todo, la que tiene paciencia por estar a tu lado, la que decide, opina, gana… Pero en el fondo sólo es quién manipula, debilita, falta el respeto cuando las puertas se cierran, chantajea, miente, promete, finge.

En esto básicamente consiste el maltrato psicológico entre otras muchas cosas y es muy importante identificar si estamos atrapadas/os en una relación tóxica e intolerable.

El amor es otra cosa menos todo lo descrito. El amor es un sentimiento maravilloso, puro y transparente, que se construye con principios, inocencias, sabiduría, respeto, libertad…

Siento haberme puesto seria, pero estoy muy emocionada en un día como hoy y quiero que mis palabras sirvan a todas esas mujeres/sombras preciosas y fuertes que siguen a oscuras.

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