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Hoy ha sido un domingo de fiebre, dolor de garganta, tos tos tos, sofá, mantita, libros, películas… Hacía tiempo que no me sentía tan flojita.

No creo que tenga interés describir aquí mis malestares varios, pero lo que sí me apetece contaros es que gracias a la fiebre no he podido salir de casa en todo el día, y he utilizado mi tiempo en escribir una historia, en prepararme zumito y en hablar con personas que me quieren.

La historia habla de Cloe. Una Cloe que he inventado con muchísimo cariño, he construido sus sueños, sus debilidades, su manera de sentir, cómo creció, lo que hizo, lo que quería en la vida, lo que le sucedió entonces. No sé. Cloe hoy ha sido una mujer de carne y hueso, adorable, que me ha “acompañado” en este día tan frío.

Ha sido un día bonito a pesar de sentirme tan frágil. Mi perro no se ha separado de mí, el gato tampoco. Y he recibido una visita preciosa, cariño, mimos, llamadas. Qué bonito haberme sentido así de querida. A veces me pregunto: ¿por qué tengo la suerte de tener tanto amor a mi alrededor? Y luego he pensado que todos/as merecemos eso, ser cuidados/as, queridos/as, mimados/as porque sí, sin otra explicación.

También he visto una película que comencé anoche y no pude acabar porque la fiebre y el sueño me vencieron. Se llamaba “Captain Fantastic”, y hablaba entre otras cosas del amor infinito de un padre hacia sus hijos a los que educa lejos de toda civilización. La parte difícil es que esos niños estaban aislados, sin herramientas para vivir en sociedad. La parte hermosa era ese lado salvaje, libre y pacífico en el que sobrevivían. Más allá de lo controvertido de la película, me ha entretenido y se me ha olvidado la fiebre y he dejado de decir mimimimimi me duele me duele me duele aquí y allí.

 

 

 

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