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Yo tengo un amigo que me cuenta algunas veces las cosas que le pasan.

Y le pasan unas cuantas, como a mí, como a ti. Como a cualquiera de nosotras/os.

Hace poco me habló de una historia de amor suya, tenía el corazón sangrando mientras narraba los hechos (porque las almas sensibles como las nuestras sufren ante situaciones desagradables, irrespetuosas o incluso violentas). Yo le dejé decir, le dejé sentir todo lo que tenía que sentir, pero como me he vuelto una “experta” en deducir rápidamente una manipulación, un chantaje o un maltrato psicológico, pensé ese mismo día, que la persona de la que me hablaba mi amigo, no le proporcionaba la paz, el amor y la transparencia que él necesitaba. No quise emitir juicio de valor, ni siquiera adoctrinarle sobre lo que debía hacer al respecto. Simplemente le aconsejé que se cuidara y que el amor se construía siempre sobre bases muy sólidas de ternura, comprensión, respeto, confianza, libertad de ser uno/a mismo/a, etc.

Hace unos días se puso muy triste mi amigo, porque le habían roto el corazón, no sé si a bocados o arrojándolo por la terraza, pero sangraba.

Y es que últimamente escucho historias que me sorprenden (dolorosamente) y el mundo sigue girando cada vez más deprisa, sin darnos la oportunidad de cuidarnos, protegernos un poco (sin extremismos) y definir lo que somos y lo que necesitamos para ser felices.

A veces me pregunto: ¿qué clase de valores tenemos? ¿cómo educamos y cómo hemos sidos educadas/os para confundir el AMOR con otra cosa? ¿por qué toleramos mentiras, faltas de respeto, gritos, portazos, reproches, amenazas, provocaciones, insultos, chantajes, órdenes, prohibiciones, dolor dentro de una relación? ¿Por qué integramos y aceptamos conductas perjudiciales e innecesarias para nosotros/as por “amor”?

Yo tengo un amigo que todas las noches cose con hilos el corazón, el suyo y se levanta fuerte y valiente por las mañanas. Y yo le digo lo que he aprendido (a base de experiencias a ratos dolorosas):

El amor no entiende de género, es cierto, ni de razas, ni lenguas, ni clases sociales… Repetimos tantas veces  esas frases como un mantra, los niños/as las escuchan y las asumen. PERO hay que añadir más: el amor no entiende de eso, pero tampoco entiende de otras muchas cosas. Porque amar es un verbo inmenso que conlleva aceptación, ternura, confianza, respeto, cariño, sexo (si se trata de un vínculo romántico), compromiso (si ambas partes así lo pactan), libertad, palabras bonitas, valentía, paciencia, lealtad, verdad, transparencia, dignidad, diplomacia, diálogo, bondad, apoyo, generosidad, entrega, cuidados, y calma. Mucha paz. La persona que te quiere te genera tranquilidad, y eso no quita pasión, ni desencuentros, ni arrebatos puntuales. Pero debe prevalecer el sosiego, al menos esa es mi opinión.

Yo hace unos años describí “el amor” para un taller de escritura creativa, como una escena (a veces yo defino y pienso en escenas): una habitación luminosa, creo que las cortinas hacían así (se hinchaban), dos mujeres, silencio. La ventana abierta, al otro lado un océano comiéndose a besos la orilla, y unos niños jugando, había quizá un perro a lo lejos, no estoy segura. Dos mujeres (vuelvo a esa habitación), una permanece tumbada sobre una cama, sobre la colcha estampada de tonos muy claritos para ser más exacta, y está leyendo. Lee como si nada pudiera pasar, concentrándose absolutamente en lo que hace, inmersa en ese libro, sin preocupaciones, no está tensa, todo lo contrario, permanece relajada, con una expresión aniñada, casi infantil, de quien aún sobrevive en la inocencia. En ese cuarto hay otra mujer, como ya he dicho, que está sentada en un sillón súper bonito. Es preciosa. Tiene las manos en su regazo y contempla pausadamente a la que está leyendo. No dice nada. Sólo está pensativa, feliz. Posiblemente han pasado el día fuera hablando sin parar, y ahora necesitan ese silencio pactado, ese que genera la confianza. Ambas saben que pueden volar, echar a correr, hacer, crear, conocer a miles de personas, escribir, inventar, soñar, decir, ser ellas mismas, equivocarse, mostrarse fuertes y vulnerables y alegres y confiadas y asustadizas y llorosas, que no importa, porque el amor es eso, ¿no?

Yo tengo un amigo que merece a su lado a una persona que lo respete, quiera, proteja, mime, divierta y ofrezca un sitio bonito, desde donde contemplar paisajes fascinantes.

 

 

 

 

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