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Quiero dar las gracias a todas mis lectoras. A todas. A tí también. Por leer.

Yo tengo lectoras que sueñan con protagonizar historias, y otras que son madres, algunas sonríen a la cámara con gat@s adorables de ojos inmensos, o pasean a sus perros rodeadas de luz, las hay que aman a las mujeres de sus vidas y lo dicen o lo insinúan, o a los hombres, o a ambos, incluso las conozco que buscan su corazón en aeropuertos, semáforos o en el regazo de alguna desconocida. Las hay ingenieras, profesoras, artistas, actrices, en paro, médicas, amas de casa, músicas, opositoras, estudiantes, limpiadoras, maestras, aprendices, enfermeras, psicólogas, blogueras… ¡Incluso algunas son escritoras maravillosas!

Y esto lo digo de corazón, porque estoy muy emocionada con la preciosa acogida que le dais a cada cosa que escribo. Yo no soy de regalar falsos halagos, ni de quedar bien, ni de decir por decir, ni de “voy a ganarme gente”, no entiendo de marketing, ni quiero, yo escribo por el placer de hacerlo, sin otra pretensión (es tan bonito escribir, hacerlo con la libertad que lo hago), la verdad es que siempre estuve por encima de eso y trato de ser sincera y agradecida desde las entrañas.

Por eso os digo gracias. Por leer. Por leerme. Por comprar mis libros. Por descargarlos incluso y decirme luego: oye pues me ha gustado, el próximo me lo compro. Por pasear con mis personajes por ciudades y ver cómo aman, sueñan, sufren, perdonan, crecen, hacen, besan. Por hacerme saber que mis historias os han acompañado en momentos difíciles, o que os han conmovido, no sé, por decirme cosas tan bonitas como las que me decís. Gracias por el cariño respetuoso y limpio que me entregáis, sin doblez. Por vuestro apoyo incondicional y honesto. Por apreciar mi labor. Por vuestras increíbles reseñas en amazon u otras plataformas. Y los comentarios en el blog o en las redes. Por difundir mis palabras, hacerlas crecer, compartirlas, llevarlas al fin del mundo. Por pedirme que os pase una obra ya que en vuestro país no se puede conseguir. Por alentarme siempre a seguir escribiendo. Gracias también a las que no dicen nada, pero devoran con cariño mis libros en el metro o en el borde de la cama.

Por vuestro inmenso respeto, que me hace sentir segura y en calma.

Y por poner ejemplos (aunque sois muchísimas):

Gracias a Ana Belén Rodríguez por su fe en lo que escribo (y su escucha). A Vanessa Ejea por su apoyo transparente y entrañable, sobre todo cuando había “tormenta”. A Carmen Sánchez por sus preciosas reseñas y sus consejos. A la adorable Alba Nat que siempre está ahí. A Noelia Blanco (entendemosblog) por su constancia y cariño en todo lo que escribo.A Erika Hav por lo que escribe y por su apoyo.  A Carmen Cabrera por su afecto sincero y su confianza. A María Jesús (Mirales) por creer en mí, por poner interés en mi trabajo, por su cariño. A Nacho por su preciosa lealtad. A Sonia Lasa que comparte también la pasión por la escritura. A Yuriko por apoyarme.A Rebeca Buendía porque estuvo ahí desde el principio animándome. A Nieve F por sus megusta y por tener esa bonita familia (gatita de ojos mágicos). A Melba Quiñones que también está siempre leyendo (me). A Marta de la Rosa. A Ángela He por ser tan simpática y cercana. A Marta Caldis. A Eley Grey que siempre aparece. A Vero. Nela. Y Mónica. Inma. Alejandra. A Marta Puig por esa lealtad tan linda. A Lily.  Coral que nunca falla. A Miriam Beizana Vigo por ser una estupenda escritora nada presuntuosa que además me ofrece su apoyo. A Claudia. A Lara por querer hacerse camisetas con las portadas de mis libros. A Lola Fernández  por enseñarme y animarme a escribir. A Ana Satchi por potenciar mi trabajo y entrevistarme en su súper programa de radio en un ambiente agradable y divertido. A las chicas de LesbianLips y de Lesbicanarias por reseñarme de una manera tan dulce y especial. A María José. Ana. Amanda. Inma. Carmen. Roberto por leerme. A Marga. Clara N. Sarah. A Juliette Sartre. Y muchísimas personas… No habría líneas para agradecer tanto.

A ti, por leerme. Digas o no digas nada.

Sin vosotras no habría historias sobrevolando, esperando ahí en el horizonte.

Pero hay una lectora muy especial que ademas de leernos en voz baja mutuamente, cuidarme, esperarme en la estación, recorrer kilómetros conmigo, decirme todos los días “eres preciosa, eres valiente, estoy llena de amor, no espero a nadie más que a ti“, correr a mi lado bajo la lluvia, cernarnos con los ojos, buscarnos el ombligo, cepillarnos el pelo… decidió leerme un día y conocerme. Y qué bonito fue todo a partir de entonces. Aún no encuentro las palabras para describirlo, podría decirlo con imágenes, yo qué sé, o poemas, con un gesto con las manos (formando así, un corazón, ¿lo imaginas? qué moñez) no sé, podría decir: vino justo cuando no estaba pendiente y quiso quedarse y quise tenerla conmigo. O decir simplemente: que todos esos libros y canciones y películas nos secuestren a las dos, perdernos en el bosque, querernos con los dedos, buscarnos el alma, pero siempre.

El caso es que yo estaba sola. Y ella vino a rodearme con sus brazos, sosteniendo un libro, uno de mis libros, eso no se me olvida.

Así que GRACIAS por estar.

 

 

 

 

 

 

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