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He decidido trabajar algunos superhéroes y superheroínas en mi aula. Conocerán de cerca algunos personajes fascinantes que generalmente llevan en sus camisetas y mochilas.

¿Por qué elegí este tema (más allá del hecho de ser divertido y agradable para ellos/as)? Hace unos días me hice esta pregunta.

Creo que hay algo que me entusiasma especialmente y es que un superhéroe o una superheroína tiene poderes alucinantes pero conserva al mismo tiempo fragilidades.

Me encanta ese concepto.

Si algo he aprendido es a mostrarme sociable, guapa, valiente, súper segura, divertida, ingeniosa pero también vulnerable, insegura, frágil e incluso enfadada o en desacuerdo.  Durante un tiempo (no muy prolongado, un año y algo) pensé que mostrar mis “debilidades”, decir “esto me hace daño o no me gusta”, incluso llorar desconsoladamente, me perjudicaba, tal vez porque podía utilizarse en mi contra, no sé. Estaba tan perdida que no pensaba con claridad. Luego concluí que las personas que realmente te quieren y respetan, besan tus miedos, acarician esa tristeza y te ayudan a aceptar los logros y las limitaciones. Y qué bonito fue tener esa certeza. Pero lo importante estaba aquí, en mí, en mi pecho, y no había nada más hermoso que mostrarme vulnerable y fuerte.

Creo que es muy importante transmitir ese aprendizaje a mis alumnas/os, precisamente ese, a través de unos personajes de cómics que sienten, temen, salvan, vuelan, ayudan, se transforman, dudan, aman, lloran, combaten, abrazan y no son infalibles ni perfectos/as.

Me gusta tanto cuando Inés y yo hablamos, tumbadas en la cama por ejemplo, o en la hierba y hay nubes dibujándose en el cielo, y silencio, y nos decimos: “me siento así”; “quizá me asuste esto o lo otro”, “a veces soy asustadiza o frágil”… Y entonces cogemos todo eso y lo convertimos en algo precioso, y los miedos se suavizan (no hace falta que se vayan inmediatamente, podemos tener miedo, tristeza, dolor a veces), no sé, prometo que es una sensación maravillosa esa de desnudarse emocionalmente  con otra persona. Poder decir: te deseo, tengo miedo, ¿y si eso no sale bien?, me duele… Y que no pase nada, que luego de eso venga un beso o un abrazo o una charla agradable. Que todo empiece y termine en amor y respeto y paciencia.

Me encanta ser Helena (a veces frágil, insegura, un poco enfadada, otras sexual, presumida, fuerte, moñas, valiente, graciosa…) cuando estoy a solas y cuando Inés me acompaña (tan bonito que me tome de la mano), con mi madre, y mis amigos, y los padres de mis alumnos/as, y mis compañeros de teatro, y con el perro y el gato, y los vecinos en el ascensor, y los que atienden en las tiendas, y mis tíos o primos. Con todo soy yo. Y me encanta.

No sé cuál es mi emblema, no importa. Pero tengo la capa, los leggins, la capacidad de volar y las ganas.

 

 

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