in_paris

Hace una semana  Inés y yo nos estábamos despidiendo en una estación entre lágrimas, besos, libros y abrazos. Qué imagen más bonita (aunque prefiero mil veces los encuentros).

El caso es que después me subí al tren con mi maleta haciendo run ran run con sus ruedecitas y me quedé unas horas embelesada, un poco triste, mirando por la ventana. Había árboles, praderas, casas bajitas, perros, silencio y una luz anaranjada y desvaída abrazando todos esos paisajes veloces e inalcanzables.

Cuando llegué a mi destino, quise coger la maleta y una mujer acompañada por su marido, me ayudó amablemente y me dijo: “te he visto antes despedirte de una chica en la estación y quería decirte que hacéis una pareja preciosa”.

Se me humedecieron los ojos un poco y sonreí. El corazón me iba a toda velocidad. Tenía toda la razón. Yo ya lo sabía.

Me parece bonito eso de besarnos en todas partes. De sentir su mano con la mía. De hablarnos con amor y con respeto. De querernos así, cuando digo así digo de esta manera tan sincera, honesta, transparente, libre… Y romántica.

Y es que cuando nos miramos hay cortocircuitos en todas las ciudades, y crujen las ramas de los árboles, y suena Nessum Dorma, y maúllan los gatos un poco, y se reflejan las estrellas en el río, y suceden acontecimientos extraordinarios…

 

 

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