Besos con lenguaje

Archivo mensual: junio 2016

vintagelovee

Yo conocí a dos personas que ya no están. Pero antes estaban.

Uno se fue al cielo, como dicen los niños señalando con sus deditos hacia arriba. La otra, su compañera, está todavía aquí en la Tierra, caminando por las aceras de una ciudad plagada de sus voces y promesas.

Ellos se querían como lo hacen las personas muy sabias o muy auténticas. Se amaban sin condiciones. Porque sí. Porque no podrían no hacerlo.

Se querían en confianza, con afecto de carne y alma. Se besaban los defectos, los errores, las inseguridades y le restaban importancia. Se admiraban desde el respeto y la ternura. Y se contemplaban siempre con cariño, no importaban los inviernos, las noches, las desavenencias, los hijos creciendo. Importaban ellos que bailaban siempre en una de esas bolas que se agitan y hay nieve. Ellos que se defendían a mordiscos de cualquier guerra. Ellos que cerraban la puerta de su casa y sonreían porque allá no había nadie más que ellos.

Eran mis tíos. Son y serán siempre mis tíos. De esas parejas envidiables, de las que todos murmuran cosas como: qué maravilla, no pasan los años, se adoran igual que hace veinte años, aún se observan con el amor de los adolescentes.

Porque entre ellos siempre hubo luciérnagas y mariposas. Siempre. A ellos no les afectó cumplir años, ni la rutina, ni “ya no soy tan fuerte ni tan guapa ni tan irresistible como cuando”.

Ellos se quisieron cuando eran hermosos y las mejillas lucían sonrosadas, y cuando se tornaron más frágiles y asustadizos.

Y volaban. No había jaulas ni cajas de cartón. Eran dos personas libres para volar y regresar al regazo del otro. Y no había insultos, ni amenazas, ni renuncias terribles. Y todo era a medias. No había condición, ni tedio, ni desconsuelo. Había amor. Amor luminiscente, del que arroja luz por todas partes, del generoso, del que entiende por sí solo de fidelidad y entrega y ternura.

Pero él tuvo que irse prematuramente, porque a veces pasa, a veces las personas se marchan cuando no es el momento. Y ella ha decidido olvidarlo todo. Sí, sí. Le han diagnosticado demencia bla bla bla. Pero lo que le sucede es que su cabeza ha dicho: hasta aquí, no sufro más la pérdida.

Y ahora nos observa con una mirada muy específica: entre la inocencia de los niños y la incertidumbre.

Y ahora parece más vulnerable, más entrañable aún si cabe. Ahora sonríe quedamente, con melancolía, y no recuerda muy bien las cosas, algunas cosas. A veces mira una fotografía y confunde a su compañero con otras personas, meneando la cabeza. Porque cuando el amor es del bueno, del que no ata, ni presiona, ni hiere ni extingue, no es tan fácil sobrevivir una pérdida, no es un duelo normal y corriente. Y es mejor, seguro que ella está de acuerdo, no acordarse de él en todas partes: en la cocina tarareando mientras la ópera inunda toda la estancia, en las plazas y avenidas contándole cosas muy interesantes, en la cama haciéndole cosquillas en el pelo, en el ascensor quejándose del frío, en el pasillo bromeando, en el sofá contándole un cuento a sus nietas.

Porque ella necesita que el dolor, el impacto, se suavice, anhela probablemente sentirse mecida otra vez por esas manos y no por otras, todas las demás, le sobran.

Y a veces, por instantes, su mirada se ilumina brevemente, es un destello apenas perceptible si no te fijas mucho, su expresión cambia unos segundos, gira la cabeza hacia la puerta, como si creyese que él está subiendo las escaleras, canturreando algo bonito. Como si siempre fuese la hora de la cena, y los niños aún correteasen por el pasillo.

Quizá hace ese gesto porque él no se ha ido realmente, porque hay personas que saben quedarse para siempre.

Es muy posible, creedme, que ninguno de los dos se haya marchado, que aún estén ahí, riéndose por todo, con las mejillas encendidas, alucinados y felices.

 

 

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globosvintages

Los ventiladores encendidos. Los niños y las niñas de mi aula con sus ojos muy abiertos y redondos siempre. Silencio. Calor. Les pregunto una idiotez que se me pasa por la cabeza cuando miro a través de la ventana.

¿Qué hay después de las nubes?

Y dicen:

Truenos. Pájaros escondidos. El sol. Un arcoiris. Truenos. Peces. El cielo. Charcos de barro. Casas. Flores. Tormentas. Más nubes. Angelitos (ladeando la cabeza mientras lo dice). Las estrellas. Mariposas. Caracoles. La oscuridad. Lagartijas. Personas. Patos. Los que se mueren. La Luna. La voz cuando abrimos la boca y vuela así (haciendo gestos con las manos).

 

 


MarilynM

Esta noche se estrena la obra (de teatro) que llevo ensayando estas semanas y … nervios, mariposas en el estómago, el texto saliendo de mis labios cuando estoy haciendo cualquier otra cosa. Por ejemplo cuando voy camino de la escuela y voy recitando así, medio susurrando, para que no se me olvide.

Somos muchas personas subidas en ese escenario, con ganas de volar, saltar, conmover, mirar, decir, declamar, susurrar…

Me encanta el personaje que interpreto. Que es muchas cosas en una: ternura, luz, dolor, miedo, inocencia, amor, juego, aventura, belleza, elegancia. Como alguien que se encoge por la incertidumbre, pero también se estira, salta, trepa, susurra, sonríe, observa, “ronronea”, recuerda, se ilusiona, quiere escapar…

Escapar de lo inevitable.

Es una obra muy ambiciosa, para mi gusto, con una complejidad deliciosa y un texto muy rico (y complicado). Y habla de amor. Habla de amor y dolor y muerte y el tiempo y criaturas adorables y personas que esperan y sueñan o han dejado de soñar para siempre.

Esta noche se abrirá el telón y saldrán todos nuestros diablos, amores, sueños, besos, miedos… al escenario.

Y el corazón no deja de hacerme boom, boom, boom.

 

 


algunas-motas-de-polvo

Ayer entraba una luz preciosa en el aula. Hacía sol desde las nueve de la mañana. Desde las nueve hasta vete tú a saber cuándo. Eran unos rayos muy suaves, tímidos e iban bañándolo todo (o casi todo): los puzzles, los “Principitos” pintados sobre cartulinas de colores, las mesas, las sillitas, las perchas, el vaso de los pinceles, las caras de algunos/as niños/as, los dinosaurios de las “normas” que hay sobre la pared…

En un momento dado, un niño levantó una de sus manos y se quedó absorto, alucinado, con los ojos redondos muy abiertos. Sonreí al ver cómo trataba de “cazar” las motas de polvo que viajaban sostenidas en la luz. Al cabo de unos segundos, una niña imitó el movimiento, y otros tres niños. No se decían nada entre sí, pero alzaban sus manos, abriéndolas, paseando sus dedos entre esas motas brillantes para después cerrar los puños.

“¿Qué es eso?” pregunté.

“Polvo mágico, señorita Helena” respondió uno de ellos.

“¿Es mágico?” quise saber, cerciorarme.

“Sí, porque vuela” dijo otro.

“No vuela, yo creo que flota” comentó la niña.

“¿Y cómo puede flotar?” quise indagar más en esos razonamientos tan interesantes.

“Porque ahí dentro llevan flotadores muy chicos, aunque no los veamos” respondió ella sin demasiada convicción.

“Eso no puede ser” intervino otro de los niños aún con sus manos extendidas, sin mirarnos.

“Pues sí, sí puede ser, para mí sí” volvió a insistir la niña.

La verdad es que llevaba razón. ¿Por qué tenemos que pensar todos/as de la misma forma? A lo mejor para algunas personas, ese polvo es simplemente eso, polvo. Pero para otras, es una sustancia mágica, especial, que proviene del aleteo de las alas de un hada (por ejemplo), o que contiene flotadores minúsculos que no podemos ver en ningún caso con el ojo humano…

En lo que sí estuvieron de acuerdo fue en algo: no podían atraparlo, ni almacenarlo, ni contar cuántas motas había, no podían guardarlo en sus mochilas, ni en sus bolsillos, no podían llevárselo a ningún sitio, ni clasificar nada. Y les expliqué que quizá ocurría lo mismo que en El Principito, cuando un hombre de negocios se empeñaba en contar una y otra vez las estrellas para poseerlas pero aquello le agotaba y no le servía para nada, ni siquiera llegaba a disfrutar de la belleza de las mismas. A veces hay cosas/acontecimientos fascinantes no pueden cuantificarse, almacenarse, clasificarse ni poseerse, a veces sencillamente, existen, nos sorprenden, nos sobrecogen, nos conmueven…