Besos con lenguaje

Archivo mensual: marzo 2016

VintageGirl

Anita tiene la piel muy clara y unos ojos enormes que me observan. Tiene cuatro años y dice que soy la maestra más todo: más buena, más guapa, más bonita, más graciosa, más presumida, más cariñosa, más más más. Lo que sea, para ella yo soy más. Me trae dibujos, o los hace en mi mesa sin que yo sea consciente, y los guarda en mi bolso, o me los deja en forma de “sorpresa” junto a mi abrigo.

Quiere ir cogida de mi mano a todas partes: al patio, al gimnasio, a la clase, al arenero, al árbol que hay en el centro de la escuela. Nada más atravieso la puerta del colegio, ella viene corriendo hacia mí, y se aferra a mis faldas, vestidos, vaqueros, manos. Se agarra como sujeta a algo que le genere confianza.

Lo que más me gusta de Anita es su  sensibilidad, cómo se le rompe el corazón con ciertos cuentos infantiles por ejemplo, o el modo en el que me peina el pelo muy despacio cuando me nota triste o preocupada. Y cómo se cree  que en el patio hay hadas colgando de las ramas de los árboles y no debemos hacer ruido, solo porque yo lo digo. Es capaz de verlas, cierra los ojos un instante y susurra: las veo, señorita Helena, las estoy viendo.

Nuestros silencios me conmueven. A veces, mientras el resto de mis alumnos/as hace algo, Anita toma una silla muy pequeña y la pone junto a mí, y se pone a leer o a dibujar con rotuladores. Yo mientras tanto, trazo la nueva trama de mi próxima novela sobre el papel. Y ambas guardamos silencio, ensimismadas en nuestros quehaceres artísticos, con gesto concentrado, en paz. De vez en cuando me mira y sonríe fugazmente, para volver a lo que estaba haciendo. Es bonito eso.

Anita viene con las uñas pintadas de rojo como yo, y se pinta los labios a escondidas para imitarme, y dice que cuando sea mayor y sepa escribir, quiere hacer cuentos como yo. Porque ella cree que lo que escribo son cuentos, no hay más género en su cabeza que ese a los cuatro años.

Últimamente estoy narrándoles cuentos que explican piezas de óperas conocidas. Así educan la imaginación y el oído al mismo tiempo. Y les fascina.Yo les explico que a veces esas voces y esas melodías reflejan dolor, desesperanza, incertidumbre, amor, delirio, afecto… Y ellos boquiabiertos asienten con sus cabezas, como si lo hubiesen entendido.  A Anita le conmueve especialmente La Reina de la Noche y no me extraña, a mí también, aunque se sienta rápidamente en mi regazo, como si esa pieza la sacudiese o asustase, pero pide una y otra vez que vuelva a ponerla.

Lo que Anita no sabe es que me dan ganas de convertirla en un personaje pequeño y entrañable de alguna de mis historias. Que toda esa inocencia, ternura, y esos ojos grandes que sueñan con paraísos e islas y gigantes o monstruos, me inspiran. Supongo que hay ojos repletos de bondad que me sugieren leyendas.

Y todo esto para decir que tengo algunas historias revoloteando en mi cabeza, y que gracias, GRACIAS con mayúsculas por la acogida que ha tenido “Inés es todas las ciudades”, me hacéis FELIZ.  Muy feliz.

 

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Ines-es-todas-las-ciudades

A veces, cuando dos personas se conocen, el mundo cambia.

Al final tuve que despedirme de mis protagonistas: Inés y Adrianne. Y dejarlas volar. A pesar de todo estoy contenta porque espero que inunden vuestros hogares, las mesitas de noche, las estanterías (estará en papel en breve), bolsos, manos, regazos, hierba…

Para mí ha sido un proceso muy bonito, quizá porque escribir es casi una terapia y una necesidad, una ventana o un balcón al que salir a respirar.

Cuando empecé “Inés es todas las ciudades” era verano, hace un par de años (sí, la novela ha dormido por meses),  el gesto de una desconocida desató el nacimiento de una historia. A veces es eso: el fruncir de un ceño, el sonido de un beso en la mejilla, el aroma de alguien cuando se quita el abrigo o ladea la cabeza, unas manos en los bolsillos, unos tacones clac clac clac, un niño que asoma su cabeza, una avioneta, un crack del corazón, la desintegración del autoestima en una simple frase, la orilla que conozco, los ojos humedecidos, el sonido leve de unos dedos que se entrelazan, las luciérnagas en el estómago cuando de pronto el amor a toda velocidad… lo que me sugiere una historia.

A veces crear personajes no es más que eso. Cerrar los ojos y recordar, inventar, escuchar, sentir, prestar atención. Simplemente.

¿Y qué cuento en “Inés es todas las ciudades”?

“A veces, cuando dos personas se conocen, el mundo cambia.

Es verano. Inés sueña con ser escritora y quiere volar por encima de todas esas estrellas que contempla desde el jardín. Oscar piensa que Inés es inalcanzable, como un cometa que pasara fugaz sobre su cabeza. Ambos sobreviven como pueden a su matrimonio. Inés encuentra a Adrianne una noche y, de repente, pájaros en el estómago. La conexión que se establece entre ellas es inmediata, abrumadora, hermosa. Pero su relación parece imposible. Y sin embargo, Inés es todas las mujeres, en todas las ciudades, o al menos eso es lo que siente Adrianne”.

Y aquí la tenéis, en principio en formato digital y en pocos días la tendréis en papel:

http://goo.gl/7eXHiz

Gracias por leer.