Captura de pantalla 2016-01-11 a la(s) 22.10.17

Últimamente paso largas horas sentada, el ordenador en mi regazo, mi cuaderno de “ideas” a mi izquierda (por si hay que consultarlo) y la cabeza llena de pájaros revoloteando. Y no me quejo, ojalá pudiese dedicarme exclusivamente a eso. Pero por las mañanas son las voces de mis veintisiete alumn@s y por la tarde, las otras, las de mis personajes que me observan abrumad@s como diciendo ¿qué piensas hacer conmigo ahora, otra vez vas a cambiar lo que voy a decir o el gesto que hago mientras la observo?

Estoy con las últimas correcciones de la novela y ¡qué trabajo! Ayer acabé tan cansada que mientras me daba una ducha, pensaba en guiones largos, sinónimos de amor, comas y puntos suspensivos…

Pero qué bonito es esto. Inventar una historia, imaginar unos labios, el pelo que cae así ¿ves? cae así, el tacto de la piel, el preludio de un beso (esas cosquillas desconcertantes), el anhelo de algo ¿el qué? no lo saben exactamente, la capacidad de Inés de soñar por encima de las nubes, las ganas de, y crear escenarios, el arrullo del mar, construir aromas que recuerden a cuello y a besos con lengua, gestos que pasan inadvertidos como ese de atusarse el cabello de un modo muy concreto o ese otro cuando remueve la cucharilla en la taza, no sé. Y crear esa sensación de echarse de menos, de vacío y ausencias. Y que cuando se miran así, no hay miedo ni sueño.

vintagelove

Y tumbarme así sobre la hierba, para inventarlas y creer que existen para que vosotras creáis que viven en vuestro edificio.

Inés (la protagonista de la novela) está preciosa como siempre, pero con los brazos en jarras, como diciendo: estoy preparada, hazme volar.

¿Vas a volar con ella?

 

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