Besos con lenguaje

Archivo mensual: marzo 2015

lasmujeresqueleen

Una vez estuve a punto de regalar este libro. Al final no lo hice, no por nada, es que recibí una llamada y tuve que abandonar la librería. Llovía ese día, además.

Recuerdo que me llamó la atención el título, y esa mujer mirándome a los ojos como diciendo: estoy aquí, no tengo prisa por irme a ningún sitio.

Y cuando observé que el prólogo pertenecía a Esther Tusquets, no pude reprimir una sonrisa.

A veces cuando entro en una librería, lo que más me gusta es acariciar los lomos de los libros, como si ese momento de acercamiento (qué bonito) y duda (¿me llevo este? ¿me los llevo todos?) fuese un acto íntimo, personal, para no ser vista. Incluso llego a ruborizarme un poco, cuando se aproxima un dependiente para prestarme ayuda, como si me hubiesen descubierto entregando un beso a otra persona.

Estoy de acuerdo con el título, despojándola de cualquier tipo de matiz sexista. Leer nos permite volar en cualquier dirección y ampliar todos nuestros conocimientos, nos enriquece y alimenta el propio discurso, nos deja mirar otras vidas desde la mirilla, nos abre el corazón y las piernas. Leer nos hace un poco más libres, y la libertad está a veces vinculada al peligro por el riesgo que conlleva tomar nuestras propias decisiones de manera autónoma, exentas de manipulaciones varias.

Leer nos permite soñar, cambiar, evolucionar, saber, equivocarnos, llorar, follar, creer, hacer el amor, crecer, amar, odiar… Volver al principio.

Cuando tengo en el regazo a algún alumno o alumna y lee por primera vez una frase completa, suelo emocionarme (sin que lo noten), porque es como si acabasen de llegar a la azotea, y pudiesen contemplar a partir de ese momento el mundo desde infinitas perspectivas.

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Esta canción me hace llorar. Ha llegado a mí muy recientemente a través de mi hermana pequeña.

Hoy la puse en el coche a toda voz. Hacía sol pero me sentía infinitamente triste, de estas veces que haces un esfuerzo por nadar hacia arriba pero no sabes con certeza si vas a poder hacerlo. El caso es que en ese momento se me ocurrió algo: dedicar esta canción a todas esas mujeres que por alguna razón se sienten reflejadas en la letra de este tema.

A menudo, el tipo de vida que llevamos (eso de volar a toda velocidad y cumplir con una lista interminable de obligaciones) nos impide ver con claridad qué falla aquí dentro o ahí fuera, qué nos está afectando, cómo podemos solucionarlo. Cada día puedo cruzarme con dos o tres miradas de ese tipo, de esas que dicen tengo el corazón temblándome en la garganta pero qué más da si no tengo tiempo de pensar en ello. 

A todas las que se reflejan hoy y ahora (puede que mañana o dentro de media hora ya no os sintáis desdichadas o perdidas) de este modo: vamos a volar. Como dice la canción.

Para vosotras.


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Hay personas, no muchas, debería empezar diciendo: hay muy pocas personas que llegan a tener una verdadera repercusión emocional sobre nosotros/as.

La primera vez que leí “Carol” de Patricia Highsmith, fue también la más hermosa de todas. Lo recuerdo perfectamente, alguien me propuso un reto: a ver quién termina antes este libro, ¡corre!

Lo cierto es que no pude parar de hacerlo. Carol y Therese, y ese amor iridiscente. Viajé con ellas, sufrí con ellas. Fue como mirarme en un espejo.

Cuando lo terminé, estaba tumbada en el sofá de la casa de mis padres, serían las ocho de la tarde y mi padre preparaba la cena. Yo estaba de visita, no iba a quedarme más que unos días, me había refugiado allí con ellos para olvidarme de la catarsis emocional que estaba sufriendo. Mis padres se preocupan pero no hacen muchas preguntas.

Cerré el libro y me quedé pensando. Y continué haciéndolo (pensar) durante los días y semanas posteriores.

Para mí el amor era (y es) ese fragmento. Es Carol en miles de ciudades, siempre.


School

Alguna vez, como docente, encontré algún niño que disfrutaba pintándose las uñas, o bailando alegremente por el aula con un tutú, o qué sé yo y qué importancia tiene. Contemplo con cierta tristeza cómo la insistencia familiar (“no hagas eso que es de niñas”) o las expectativas generales que se tienen sobre él, generan un sentimiento de frustración y desconsuelo que considero destructivas e innecesarias.

Una vez dijo una antigua alumna de cinco años:

-Señorita, yo soy feliz en el cole, más feliz que en ningún otro sitio.

-¿Y eso? -quise saber mientras paseábamos del brazo durante el recreo.

-Porque soy libre, señorita.

Y después de eso, salió corriendo detrás de su sombra, como si no hubiese nada en el mundo que pudiese hacerle daño pese a las circunstancias desfavorables que la rodeaban.

Me gustan esos momentos. Esos en los que aprenden (a su ritmo) a valorar la libertad de ser, amar, soñar y crear sin ningún tipo de prejuicio ni miedo ni esa pregunta retórica de ¿qué-podrán-pensar-de-mí-si…?


books

A punto de volar. Me siento así, un poco.

Tengo dos libros al borde del precipicio. No, los precipicios no me gustan. Así que empiezo de nuevo: tengo dos libros al borde de una piscina. Y quieren saltar.

A mí me asusta que se lancen al vacío, supongo que ese miedo es una emoción natural ante lo desconocido. Pero tengo tantas historias guardadas en mis bolsillos, en el fondo de mi garganta, en los zapatos… Están ahí. Viven y respiran casi de forma independiente.

Es irremediable. A mí me nace una historia del simple roce de mi codo con la piel de un transeúnte. Una vez inventé un relato a partir de una discusión ajena, no escuché qué se decían, pero ¿qué más daba?

Tengo ganas de dar a luz a esas dos obras (honestamente no sé si estarán a la altura de lo que esperas de mí). No obstante, tengo ganas de que nazcan, y vengas de visita a mi “casa”.

He creado este espacio, este helenalago.wordpress.com para ti. Aquí podemos conocernos y hablar de lo que escribo, de lo que sientes cuando yo digo.


Tendrá que nacer el día en el que llega la primavera. Será mujer. Veinte del mes de marzo. 1983. Ese es el año. Dice mi madre, siempre lo dice cuando estamos sentados alrededor de la mesa, que me costó nacer, que hubo no sé cuántos problemas en el parto y que dolió como duele cualquier forma de amor de vez en cuando. Para ser yo habría que pasar por todo eso, supongo. Nacerá en Sevilla. Llevará en la piel lo quiera o no, antepasados irlandeses pero no llegar a conocer nunca a esas personas que quizá estén ahora subiendo al metro o mirando a través de una ventana cuya sangre coincida con la suya. A sus 31 años no habrá ido nunca a Irlanda, a otros muchos sitios sí, pero no a ese, aunque se muera de ganas. Su familia será muy especial, siempre será muy afortunada en eso (y en el amor). Se sentirá desde que nace bien situada económicamente. Tendrá la suerte de tener unos progenitores extraordinarios a los que no podrá igualar nunca en honestidad, bondad, entrega… Sus padres serán, además, dos médicos tan humanos que nadie los olvida, y cuando un antiguo enfermo los encuentre por la calle, se abrazará a ellos con la mirada húmeda de gratitud y ternura. Y se sentirá orgullosa de ellos, por ser mucho más que dos excelentes profesionales. Visitará museos desde los seis meses, y aunque no entienda absolutamente nada, aprenderá lo más importante: a interpretar libremente lo que sea que tenga frente a sus ojos. Para ser yo tendrá que crecer feliz y despreocupada entre libros, niños, juegos y películas. Y bailará a esos años con su hermana pequeña, en mitad de la sala de estar con un micrófono, como si estuviese en un concierto. Jugará al teatro, se disfrazará, cuidará de las muñecas. Será un poco presumida, pintándose a los seis años las uñas de los pies de color rojo (y seguirá haciéndolo el resto de su vida). Jugará al tenis después, y contra todo pronóstico no se enamorará de su profesor. Tendrá clases extraescolares: inglés, francés, danza, tenis, natación. Y dirá: quiero aprender a tocar el piano. Dejará todo eso en algún momento para estudiar bachillerato e interpretación al mismo tiempo. Escribirá desde que aprende a sostener un lápiz. Escribirá de forma compulsiva, y cuando aún no pueda escribir por ser muy pequeña, creará historias a través de dibujos, no importa cómo, habrá que inventarse un mundo. Tendrá la hermana más divertida y leal que puede tenerse. Sabrá que aunque es seis años menor, no va a fallarle nunca, y sacarán siempre tiempo para intercambiar dudas existenciales. Acudirá a un colegio de monjas y sacará lo mejor de aquella experiencia. Será responsable por naturaleza y sacará excelentes calificaciones sin demasiado esfuerzo. Irá a ver La gata sobre el tejado de zinc caliente a los doce años y dirá: quiero ser actriz. Eso es lo que me gusta. Y será “actriz” unos años mientras combina su talento para la interpretación con estudios escolares. Hará malabares para conseguirlo. Para ser yo, tendrá que ser una adolescente casi perfecta hasta agotarse. Será la novia (de chicos entonces) perfecta, una niña bien, una persona con un elevado nivel de auto exigencia hasta decir: basta, quiero equivocarme. Empezará Periodismo. Lo dejará al cabo de un tiempo. Será profesora. Y mientras tanto: Vivir, amar, sufrir, disfrutar, crecer, viajar, decir no, decir sí y sí. Deberá convertirse en una joven altruista, que necesita ese contacto, y ese no parar de ayudarnos. A veces se olvidará de sí misma y volverá para encontrarse. Será estable emocionalmente a partir de una edad y tendrá relaciones enriquecedoras. Descubrirá a los veinticinco todo aquello que no quiere en una relación del tipo que sea, y dudará un poco sobre lo que sí quiere. Perderá el juicio por otra persona de vez en cuando, con cierta moderación, por favor. Nada de hacerlo anualmente, eso sería superficial, y como piscis que es, el amor para usted implicará un sentimiento profundo y emociones complejas. Disfrutará siempre con escenas cotidianas como compartir la ducha, preparar la cena a cuatro manos, pasear por las tardes, leer un libro (el que sea, siempre que consiga sacudirme un poco), escribir, asistir a un concierto de jazz en cualquier sitio no muy grande, ver una buena película, o hacer el amor sin relojes ni condiciones. Llorará como una idiota con Nessum Dorma, como si no hubiese otra cosa que hacer que emocionarse en ese momento. Abrirá los ojos al mundo cuando lea Carol, de Highsmith, por primera vez. Porque el amor será exactamente eso a partir de ese día. Y buscará a su Carol (o a su Therese) por todas partes. Hasta escribir una noche de Junio algo así como: Carol no existe, no sé para qué la he buscado tanto. Aprenderá a amar a los animales. Tendrá que trabajar en diferentes escuelas y en la primera de todas, siendo muy joven, habrá un tiroteo. Pasará por al menos ocho centros educativos y aprenderá de todos ellos. Los padres de sus alumnos siempre valorarán su trabajo, e incluso querrán tomarse un café con usted de vez en cuando. Recordará algunos nombres del alumnado que pase por su vida, especialmente será incapaz de olvidarse de aquellos que pertenecían a entornos más desfavorecidos. Los niños y las niñas le gritarán (y tendrá que aguantar la risa): señorita, guapa. O cásate conmigo. Y no sabrá si será posible adorarles más. Jugará con los/as alumnos/as, correrá por el patio como si tuviese cinco años, bailará con ellos sobre las mesas, reirán juntos, analizarán el miedo, el amor, la amistad. Tendrá que perderse en cualquier tipo de museo. Amar un poco a Hopper, André Gidé, Virginia Woolf, Gioconda Belli, Chema Madoz, Rodin… Se convertirá en una mujer de treinta años que lleva seis queriendo publicar algo de lo que escribe. Tendrá miedo de no saber cómo desnudarse en un relato o en una historia que escriba. Deseará, anhelará ser la compañía de muchas personas que necesiten encontrarse reflejadas en un libro. Por eso escribe, en parte es por eso. Tendrá que ser jodidamente sensible sin caer en la ñoñería, absurdamente apasionada en todo lo que ama y le interesa. Sabrá decir las cosas sin acritud, gustar del diálogo y la diplomacia para solucionar lo que tenga que solucionarse. Perderá a veces todo eso si está afligida o extrañamente triste, y dará dos gritos un momento, pero al cabo de cinco minutos, por muy dolida que se encuentre, habrá besos. Besos siempre. Será borde cuando haya que serlo. Se teñirá el pelo por las puntas, para que siga siendo como era a los nueve años. Deberá entrar en alguna que otra tienda de ropa vintage, y hacerse con determinados vestidos para los veranos. No sé. Tendrá un perro y un gato. Ambos ávidos de amor constante. Los adorará hasta la extenuación, aprenderá de ellos casi todo el tiempo. Y se enamorará, como una idiota y a pesar de todo.