Besos con lenguaje

Te quiero así, todos los días

54942e4b319c97c9c28ae7989fc413f1--black-white-photography-vintage-photography.jpg

Algún día voy a tener un hijo o una hija. Será libre. Correrá descalzo/a. Tendrá límites. Le leeré cuentos. Señalaremos con sus dedos diminutos las estrellas y esas montañas que están tan tan lejos. Le cantaré en el baño. Le gastaré bromas y disfrutaré viéndole reír. Vigilaré sus fiebres. Bailaremos en la sala de estar. Podrá subirse al sofá a saltar. Podrá expresarme cómo se siempre. Frenaré sus impulsos (si los tiene) de golpear a otros, de insultar o herir a los demás (ya sean otros niños, o animales no humanos). Le explicaré muchísimas cosas y buscaremos respuestas en bibliotecas y lugares fascinantes cuando no sepa qué decirle. Le ayudaré a quererse más que a nadie, a ponerse en primer lugar, a respetarse. Le animaré a cuidar de sí mismo/a. Le hablaré de lo mucho que pueden enseñarle los animales. Fomentaré que sea una persona muy buena, amable, correcta, divertida, solidaria, justa, sensible. Le llevaré al cine, al teatro, a conciertos apasionantes, a librerías infinitas, al mar. Viajaré con él/ella. Cogeremos aviones, coche, barcos, bici… Le diré “no”, cuando tenga que decirlo. Le enseñaré cosas sobre arte (cuántos museos visitaremos…Muchos), sobre el cine en blanco y negro, sobre la historia del mundo mundial, sobre política. Respetaré sus decisiones, sus ideas. Le apoyaré en todos esos sueños que se acumulan debajo de la cama. Le diré “te quiero así” todos los días.

Anuncios

¿Sabes lo que quiero decir?

Captura de pantalla 2018-02-08 a las 19.33.35.png

Tengo ganas de que la primavera me atropelle (con cariño). Que los días se alarguen, tener más horas para hacer más cosas, no sé. Tengo ganas de cosas bonitas, de manzanas coloradas, risas, libros, excursiones, amigos, amor, conciertos, viajes, casa, de esa luz cuando cambia y se prolonga tan hermosa… ¿Sabes lo que quiero decir?

Buah, vaya post más ñoño, parece que lo escriba con un gesto cursi. Será que a pesar del cansancio laboral, tengo el corazón bailándome en la boca.

2018.

edouard-boubatjpg-jpeg-image-600584-pixels-1393215409_org

Me encanta la fotografía de Boubat.

Yo quiero una caracola así para el año que está por empezar. Una exactamente igual. Una que me lleve a una de esas calles transitadas de Nueva York, o a una escena concreta de la película que elija, o a un recuerdo, o al instante en el que comencé a sentirme así, no sé. A lo mejor quiero que me lleve “de vuelta” a mí, si alguna vez me pierdo observándolo todo. El caso es que para el año dos mil dieciocho quiero cerrar los ojos así, con inocencia.

Este año no pido demasiado y me planteo unos retos muy bonitos (muy muy muy muy bonitos), a veces no sé si contarlos porque creo que son deseos de esos que brillan y quiero que se cumplan.

Podría pasarme no sé cuántas horas dando las gracias a bastantes personas, porque el año que se acaba ha sido de aprendizaje, como si hubiese ensayado una coreografía todos estos meses en la que me siento completamente yo, y no he estado sola. He estado rodeada de amor y de amigos.

Empecé 2017 sin saber qué quería exactamente, dejándome llevar por no sé qué, con algunas heridas aún por cicatrizar, y lo cierro plenamente convencida de ser ahora, justo ahora, una versión mejorada de todos estos años. Con una sonrisa naciéndome en los labios.

Te deseo lo mejor para ti también. Cierra los ojos, shhhhh

 

Sonríe, sin flash, en invierno

morning

Yo no sé, mira. Mira cómo es esto. La luz invadiéndome el cuarto, la gente en la cola del cine tarareando villancicos (fun fun fun), los perros temblando, tus manos frías. Te digo que nunca llevo guantes y aún así froto mis dedos y tengo calor. Mira cómo llueve, cómo nieva, cómo me derrito si sale un poco el sol. Mira, mira todas esas luces, a los niños les encanta observarlas, abren mucho los ojos y a veces pestañean así, hacen así de vez en cuando, ¿ves?

Me agobia un poco esa multitud, mira, ahí. Es normal, todo el mundo quiere decir que ha ido de compras y que ha visto el belén de chocolate, quieren merendar en ese sitio que hace esquina, ese que me gusta y que está lleno y no se puede.

Quiero comprarte un regalo. Ponerle un lazo. No estoy segura del lazo. Prefiero ver cómo te ríes de algo, cómo suenan tus botas rojas sobre las hojas. Cómo cruje el corazón cuando dices que podemos hacer un viaje en un tren (aunque sea un cercanías). Quiero despeinarme, bailar, dormir, besar, recorrer con mi dedo las arrugas de mis sábanas. Que no suene el despertador porque hay vacaciones. Abrigarme. Quiero quiero quiero. Quiero abrazarte mucho y decirte qué frío hace, ven que te beso.

Mírame.

Sonríe.

Sin flash.

 

Ganas de navidad

Captura de pantalla 2017-12-10 a las 23.00.12.png

Resulta que tengo ganas de navidad. Que después de tres años de navidades en las que por una razón u otra estuve preocupada, me siento completamente en paz y llena de energía. Como si el cielo se hubiese despejado y no quedase nada de esas nubes.

Tengo ganas de cocinar, y comer dulces, poner luces, ir al cine, leer Mujercitas (otra vez), recorrer la ciudad con las manos en los bolsillos del abrigo, escuchar villancicos en inglés (tararearlos distraída mientras hago otras cosas), dormir hasta tarde, patinar aunque haga frío, abrazarte.

Pienso preparar regalos y disfrutar de las personas (y animales no humanos) que quiero. Pienso decirles: os quiero.

Si pudiese metería todo lo que me importa en una bola de cristal de esas que agitas y hay nieve y les protegería del frío, del sueño, de la oscuridad.

 

 

¿Y qué vas a decirme?

erm0fx42qhk.jpg

—¿Y qué vas a decirme?

Atardece. Lo sé por la luz y el sonido suave de las cosas (niños, pasos, coches, vencejos, viento, sillas, perros). Creo que Furo hace run run run justo en ese momento, en esa pregunta. Parece expectante también. Estoy despeinada. Desnuda. No quiero buscar a tientas la ropa. No quiero vestirme. Ni beber agua en ese momento. No quiero hacer nada que no sea mirarla así, mientras sus dedos se enroscan en mi pelo, mientras se hace de noche y la vida se recoge en silencio. Con todo lo que queda por hacer.

Y pienso cosas como: te diría que sí a todo, que ya no quedan cicatrices, que me gusta cuando dan las nueve y media de la noche, que están a punto de salir los unicornios (otra vez) por mi boca, que tengo las manos llenas, que mira qué invierno más bonito (apenas quedan días para las luces), que me encantan “sus dragones”, que beso sus pestañas/mejillas/labios/sueños cada vez que cierro los ojos muy fuerte, que todo es nuevo (brilla, huele a cosas por estrenar), que aquel picnic en la orilla no lo olvido, que estoy fuerte y he crecido y podré acompañarla en todas las tormentas (tengo pararayos, botas de agua, brazos que la arropen, besos preparados debajo del paraguas)…

Pero no me atrevo a decir todas esas cosas. Se va la luz. Sus ojos me contemplan, creo. Me ruboriza si me mira así.

Repite:

—¿Y qué vas a decirme?

Me sonrojo. Sonrío. Las palabras aquí, en el regazo.

Celebrarlos así

 

Captura de pantalla 2017-11-19 a las 18.26.21.png

Lo mejor de esto es cuando un alumno deja que le cure una herida, y le tiemblan las manos, y me mira como diciendo: confío en ti sobre todas las cosas. La sonrisa fugaz y auténtica que viene una vez se han atrevido.

Las veces que trepan hasta sentarse en mi regazo.

Cuando retan con una expresión inocente.

Sus voces llenándolo todo.

Su respiración tranquila cuando duermen, especialmente cuando sueñan en mis brazos.

Cuando se descalzan para bailar y suben a las mesas creyendo que sostienen guitarras eléctricas.

Los ratos que pasamos haciéndonos cosquillas en el pelo, mientras tarareo canciones o susurro cuentos inventados.

El instante en el que tras una rabieta o un enfado, vuelven a la calma, y me tocan con un dedo la rodilla (estoy aquí) o me abrazan como diciendo: ya se me ha pasado.

Dibujarles el contorno de la cara, las cejas, las pestañas, las mejillas con los dedos, ver cómo entrecierran los ojos (como si soñasen).

Cuando cuentan lo que hacen, lo que sienten. Dibujo un dragón que se ha convertido en una mariposa. Me lavo las manos. Mírame, yo bailo así. No me gusta el desayuno. Yo creo que los elefantes hacen esto. Estoy enfadada. Ella me ha empujado aquí en el corazón. Yo he visto al hada.

Sus declaraciones de amor. De un amor muy puro, de esos que abrigan, consuelan, acompañan.

El modo en el que se ayudan poniéndole los zapatos a otro/a, por ejemplo.

Cuando ríen con ganas mientras hago bromas.

Agacharme, mirarles detenidamente mientras narran dramáticamente un acontecimiento importante.

Eso de que me sigan (con los ojos abiertos de par en par) si se me ocurre una danza, un recorrido, un juego, una idea, algo.

Cuando les digo: vamos a contar un cuento, silencio, si hacemos ruido… Se escapa la magia. Y todas/os escuchan atentamente.

Sus abrazos así tan fuertes, imagínatelo.

Las bromas, la complicidad que llego a establecer con ellos/as. Sus risas contagiosas.

La inocencia.

Dicen que hoy es el día del niño/a. Yo creo que hay que celebrarles todos los días, pero aún así, esto va por todos/as los/as que han formado parte de mi vida.