Besos con lenguaje

Mi nueva novela. Crónica de un parpadeo

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Aqui tienes mi nueva novela. Crónica de un parpadeo. Feliz San Valentín.

Tienes la versión digital (estará en papel en unos días)  a un simple click: https://goo.gl/w89jon

Qué pasaría si una persona desapareciera del escenario en el que actúa en plena obra?Valentina ama el teatro y tiene el corazón flotando calle abajo. Sofía quiere ser actriz y quiere volar, quiere mirar todos esos pájaros que besan con ternura las copas de los árboles.Ambas coinciden en una escuela de teatro y entre ellas nace un lazo invisible y entrañable que tendrán que proteger y descifrar capítulo a capítulo. Sus amigos, actores y actrices, compañeros del trabajo y del instituto acompañan esta historia de besos, focos y ensayos precipitados.

 

 

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La casa de mis padres.

44B487DE-00CA-4E0A-B773-23576DF1DB62    Me gustan los findes con mi familia. Me encanta la luz de la casa de mis padres. Las risas. Cocinar en compañía. Que suene jazz. La terraza repleta de plantas. Mi hermana y yo contándonos la vida sin filtros. El mar, el arrullo del agua mientras almuerzo. Dormir con una calma infinita. El sonido de los pájaros. Las cosas bonitas que me dicen. El afecto. Los abrazos. Ver películas. El olor a pan, a comida exquisita. Los muchísimos libros que llenan las altas estanterías. Los cuadros de mi padre. Alguna imagen de mi niñez en alguna playa. Aquellos cuentos que devoraba a los seis años. La calma. La luna perfecta dibujándose detrás de estas enormes cristaleras. La enseñanza y los consejos que me dieron mis padres para ser una persona íntegra, sensible, fuerte, segura. Los libros de arte, de cine, de medicina. Los bonitos principios que bailan en cada habitación. La sensación de haber recuperado el sosiego, la energía y la sonrisa con la que vuelvo el domingo mientras conduzco. Todos esos árboles.

El compromiso. El cambio.

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Tras algunas conversaciones espontáneas con mis alumnos y alumnas de cuatro años acerca del respeto hacia los animales no humanos, el sufrimiento que con frecuencia padecen y nuestra capacidad individual para comprometernos con cualquier tipo de injusticia, me he encontrado en mi mesa nada mas llegar un cuento precioso elaborado por una de mis alumnas y su madre. Le he pedido que nos explique la historia y me ha emocionado escucharla contar que “Había una vez un elefante muy triste en un circo, y que los niños también se ponían muy tristes al verle así y deciden ayudarle a salir y llevarlo a la selva con su mamá”.

Creo que es imprescindible educar a individuos independientes, fuertes, justos, generosos, valientes y capaces de responsabilizarse poco a poco de sus aciertos y errores. Potenciar su espíritu crítico y cultivar su sensibilidad. Ofrecerles información y dejarles crear, decidir, pensar por sí mismas/os, hacer preguntas…

En mi opinión no se trata de “domesticar” o “adoctrinar” ni de que piensen como yo o como sus familias, sino de abrirles una ventana enorme al mundo para que perciban toda La Luz y toda la oscuridad que conserva y decidan en un futuro y libremente cómo comprometerse consigo mismos y con los demás. Que poco a poco puedan pasar de una moral heteronoma a una moral completamente autónoma que les permita  tomar decisiones en función no solo a lo que ellos/as necesitan en un momento dado o a lo que otros le dicen,  Sino también teniendo en cuenta las consecuencias que sus actos tienen sobre otros individuos.

En mi clase por el momento normalizo (como puedo) la diversidad como fuente absoluta de riqueza y tolerancia y respondo a sus preguntas desde la naturalidad. Les invito constantemente a reflexionar, a debatir, a defender sus ideas y enriquecerse de las opiniones distintas de los demás, y a decidir lo que quieran en todo momento.

Y es bonito verles así. En continuo crecimiento y movimiento, en permanente construcción de sus valores.

No sé si tendré hijos/as pero si alguna vez me decido, quiero potenciar su espíritu crítico, su sensibilidad, seguridad en sí mismo/a, su fortaleza, su independencia y la capacidad innata que tenemos para comprometernos (o no) con el increíble universo que nos envuelve.

 

Salvajes. Sabios. Inocentes.

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Hoy a raíz de la curiosidad de un niño de cuatro años, les he hablado a mis alumnos/as de especismo, de lo que sucede detrás de los circos con animales, del rescate de un perrito ciego con final bonito. Primero han guardado silencio. Uno se ha emocionado. Yo también me he emocionado. Otro se ha tapado la cara con las manos susurrando “no puede ser, qué sufrimiento más horrible”. A continuación me han hecho muchísimas preguntas acerca de conceptos como injusticia, dolor, tristeza y conforme hablaban entre ellos/as y conmigo, fueron llegando a una conclusión. “Hay que hacer algo”. A uno se le ha ocurrido construir animales “de mentira” con ladrillos y otros materiales y con un mando a distancia para engañar a los cazadores de elefantes, tigres, y cualquier otro animal sometido en los circos. Otra ha opinado que hay que enseñarle a todos los niños del mundo que los animales sufren si les hacemos daño o les abandonamos a su suerte para que cuando sean mayores las cosas sean diferentes (lo ha dicho haciendo aspavientos adorables con sus manos). Hay quién nos ha contado que él rescató a un perrito que vive en casa y ahora está contento, y que si encuentra más perros en la basura, los recogerá a todos y los llevará al veterinario. De pronto un chico ha dicho “pues yo en mi casa no como pollo porque los pollos son gallinas o pollitos de esos amarillos y siempre digo que no voy a comer eso”. Y otro le ha respondido “no es un pollito, es una cosa del supermercado”. Y han debatido entre ellos sobre todas estas cuestiones sin que yo interviniese.
Lo más interesante de esta situación es que una vez más mis alumnas/os me sorprenden, me enternecen y me demuestran que el ser humano puede albergar toda la luz y la sensibilidad del mundo no solo en cuanto al dolor de los animales no humanos sino en cuanto a cualquier otra clase de sufrimiento, prejuicio o injusticia, y a veces cierro los ojos un momento y deseo con todas mis fuerzas que conserven esa fuerza sideral que los hace infinitamente salvajes, sabios e inocentes.

Conversaciones entre mis alumnas/os

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Conversaciones espontáneas de mis alumnas/os de cuatro años mientras yo me limitaba a escuchar cómo lo hacían:

R: -Unos “nineros” (mineros) han rescatado a un niño.

A: -Un niño muerto.

C: -Estaba vivo y se cayó así muy profundo y se murió.

A: -Ya no podemos verle porque está muerto.

M: -Pero está en el cielo.

C: -En el cielo no sabemos, a lo mejor lo han enterrado, cada uno elige.

R: -Era como un bebé muy chico.

V: -Yo no me quiero morir.

J: -Si te mueres eres astronauta y subes y ves estrellas.

V: -Entonces sí (piensa un momento, se imagina flotando). No, no quiero morirme aunque sea astronauta.

J: -Pues vete en avión.

V: -Yo he ido en avión ya.

M: -La gente que se muere va al médico.

C: -No, no van porque ya están dormiditos (hace el gesto de dormir con sus manos) y ya no se despiertan.

M: -¿Nunca más se despiertan?

C: -Nunca más.

M: -Yo no me quiero morir.

C: -Mi abuela tiene 91 y se va a morir un día que yo lo sé porque tiene 91.

M: -¡Yo no quiero morirme nunca ni cuando sea viejito! Me da mucho miedo.

J: -No te preocupes que cuando yo me muera y sea astronauta voy a rescatarte, te levanto y te mando abajo (a la Tierra) otra vez.

Hubo una noticia recientemente sobre un niño que perdió la vida en un pozo. No he tratado el tema con mis alumnos porque lo consideré un poco complicado y quizá algunas almas sensibles podrían sufrir un poco, y sin embargo han sido ellos/as quienes han hablado del tema con total naturalidad mientras yo hacía otras cosas. No he intervenido pero no he podido evitar escucharles y me ha enternecido el modo en el que estos seres tan vulnerables contemplan una noticia dolorosa y procesan el miedo a que pueda ocurrirles a ellos con explicaciones a veces surrealistas que consigan apaciguar su inquietud.

Feliz noche de reyes…

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Creo que esta noche vienen los Reyes Magos. Shhh …

(Mi familia está envolviendo regalos enormes en la habitación de al lado, suena jazz bajito, mis padres se ríen, les gusta tenernos cerca).

Esta es mi noche favorita. No hay otra que se le parezca. Lo decidí con unos siete años, me convencí a mí misma de que esta noche siempre sería mágica. Me prometí ver siempre la cabalgata desfilando por la ciudad (en la ciudad que fuese). Me gusta ver cómo los niños abren mucho los ojos cuando pasan los Reyes Magos y lanzan caramelos. Hoy he cogido algunos caramelos y le he dado unos cuantos a un niño que parecía feliz a gatas entre los adultos. Hoy me ha tocado un regalito dentro del roscón de reyes. Ha sido muy gracioso porque este año opté por no hacer trampa (jajajajaja). Y he jugado al Trivial. Me he reído con mi hermana. Hemos cenado pizza. He recibido mensajes bonitos de personas que me quieren de aquí a la Luna más o menos. Mi perro me ha dado miles de besitos mientras miraba una película. Ahora hace frío y yo estoy tapada, súper tapada, escuchando el silencio de la noche. Puedo ver estrellas desde mi habitación. Puedo verlas también cuando cierro los ojos y eso es algo que he aprendido hace poco. Este año he aprendido tantas cosas aquí dentro (me señalo el corazón, el alma, los pulmones, no sé), este año valoro mucho más que nunca algunas cosas, y tengo tantas (tantas cosas de esas que no se materializan, ni se cuentan) que no puedo dejar de sonreír por ello.

Esta noche vienen los reyes pero yo ya lo tengo todo.

 

 

Imagen de : <a href=”https://www.freepik.es/fotos-vectores-gratis/arbol”>Foto de árbol creado por freepik – http://www.freepik.es</a&gt;

 

De una princesa, un año que nace, un camino, un sueño.

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Shhhh, esta noche se cierra un año y nace otro. ¡Nace otro! ¿Te has enterado? ¿Lo has leído bien? ¡Qué nervios! (siempre me pongo un poquitín nerviosa el 31 de diciembre). Creo que tengo ganas de verle nacer (a este nuevo año por estrenar), de verle crecer y estirarse mucho mucho. Estirarse así, de puntillas, hacia el cielo. Generalmente hacemos una lista de propósitos. “Yo quiero…”, “me gustaría…”, “me propongo hacer…”, “quiero que el nuevo año me traiga…”.

Este año no tengo lista. No he querido hacerla. He aprendido que después la vida te sorprende en esa esquina de ahí, o en la de allí, y te pone retos, metas, personas, acontecimientos y solo tengo que estar lista para saltar, agarrar, hacer, soltar, abrir el paraguas, cumplir, intentar, conseguir, frenar, besar, ayudar, decir, soñar, aprender, crear, caminar. Cuestión de entrenamiento y buena disposición, ¿no?

He aprendido también que esto (vivir digo) consiste en hacer las cosas lo mejor posible y del modo más humano y bonito que podamos, que hemos de recoger todo lo que hay, procesar la felicidad, el dolor, la pérdida, la ilusión. Que elegimos quiénes somos libremente todos los días. Que es nuestra responsabilidad cuidarnos mucho, mimarnos, hacer cosas buenas y productivas, sin perdernos, sin olvidarnos de quiénes somos, de todo lo hermoso que llevamos dentro.

Que aquí dentro, mírame, mírame bien, aquí dentro tienes, tengo, tienen, lucecitas que se encienden y se apagan, y hemos de cuidar que permanezcan encendidas, vivas, la mayor parte del tiempo.

He aprendido que hay que aceptar, agradecer, disfrutar, dejarnos estar como sintamos, crecer, y sobre todo, construirnos un camino que recorrer bajo el sol, el viento, la bruma o la lluvia.

Y me quiero celebrar.

Feliz 2019, princesas (y príncipes que me lean).